Al estilo de cuento de hadas

altLondres. Con una sonrisa que iluminó las pantallas de los televisores alrededor del mundo, Kate Middleton contrajo matrimonio con el príncipe Guillermo, en una unión que promete revitalizar la monarquía británica.

 Irradiaron alegría. Aunque sabían que eran vistos por miles de millones de personas, la pareja pareció lograr, por momentos, estar en su propio mundo privado, tanto en la Abadía de Westminster como en el balcón del Palacio de Buckingham.
Guillermo le habló en susurros a Kate, quien irradiaba alegría, cuando se comprometieron a una vida en común en la iglesia, luego de un sencillo “sí quiero”. Tras un paseo ceremonial por Londres, se dieron no sólo uno sino dos besos, dulces y un tanto tímidos, cuando aparecieron en el balcón del palacio.


 Carisma y naturalidad. Luego de la ceremonia Middleton, le hizo reverencia con soltura a su nueva abuela, la reina Isabel II, compartiendo con naturalidad el escenario con una mujer que ha reinado desde 1952. Para muchos británicos, fue la primera vez que presenciaron a una novia tan serena y hermosa desde la juventud de la reina.

  Son los nuevos Duques. El vestido de novia color marfil con encajes fue diseñado por Sarah Burton de la casa Alexander McQueen, y Kate llevaba el pelo parcialmente recogido con una tiara. Guillermo vestía el uniforme escarlata de la Guardia Irlandesa, una señal de apoyo a las fuerzas armadas y un refuerzo para su imagen de militar de carrera. El primer regalo de la realeza provino de la reina: los títulos de duque y duquesa de Cambridge.