Aires discriminatorios

Todos estamos llamados a entendernos, a conocernos internamente y a reconocernos, al mismo tiempo, vinculados a ese tronco común que hace familia en la medida en que nos hermanamos unos con otros. Por eso es importante que los gobiernos no instauren leyes discriminatorias contra grupos humanos determinados, puesto que todos al fin somos necesarios, y el hecho de que exista una minoría privilegiada, lo que origina es un absurdo enfrentamiento, con la consabida fragmentación y apertura a los caminos de la violencia. Sea como fuere, los poderes públicos no pueden olvidarse de las múltiples y, a menudo, graves motivaciones que impulsan a tantos seres humanos a abandonar su país natal. Casi siempre, su decisión no nace solamente de la necesidad de mayores oportunidades; con asiduidad se les impulsa a huir, debido a una multitud de conflictos, tanto culturales como sociales y religiosos, verdaderamente injustos, que suelen dejarnos sin palabras.

Por consiguiente, no me gusta este vendaval que distancia corazones y pone barreras. En consecuencia, ningún ciudadano puede conscientemente avivar o apoyar estructuras y actitudes que dividan a unas personas de otras, a unos grupos de otros. Idéntica enseñanza debe aplicarse a quienes hacen uso de la barbarie y la apoyan. La humanidad en su conjunto, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, ha de propiciar atmósferas más armónicas.