29-01-2019 | 10:20
(E)

La frontera norte late al ritmo de las expectativas

Ibarra. La carga explosiva del 27 de enero de 2018 que detonó en la parte posterior del Destacamento de Policía de San Lorenzo fue el anuncio de que algo estaba por suceder -más allá de las penurias sociales, económicas y políticas- en la frontera norte.

Infortunio. Luego de transcurrido un año de aquel triste episodio que afectó también a familias humildes del barrio La Delicia, no solo el miedo coexiste entre ellas, sino también la desazón, el infortunio y la indignación, porque la ayuda que recibieron no cubrió sus expectativas.

En las casas construidas o mejoradas se observan fallas técnicas que no responden a un buen comportamiento profesional. Entre los vecinos se afirma que varios materiales “se negociaron” y no sirvieron para ser utilizados en las obras de mejoramiento. Esto, obviamente, tendrá que resolver un estudio que haga posteriormente la Contraloría, más aún cuando de ello tienen conocimiento las autoridades municipales de San Lorenzo e incluso, las autoridades provinciales como el Gobernador Pablo Hadatty quien ya habría solicitado los informes respectivos para saber qué sucedió en el barrio La Delicia, que a decir del Director de OOPP (e) del GAD municipal, Stalin Carabalí, solo fueron “soluciones parches” las que entregó el MIDUVI a través de sus contratistas.

San Lorenzo sigue latiendo. Ahora el cantón esmeraldeño de San Lorenzo del Pailón piensa en lo que siempre fue: un cantón turístico, de gente amable y trabajadora, que promueve sus costumbres ancestrales y sus fiestas tradicionales.

Pero, lo que sucedió después con alias “Guacho”, uno de los líderes del grupo disidente Oliver Sinisterra, que asesinó a un equipo periodístico de diario EL Comercio (Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra), prefieren no comentar o si lo hacen, prefieren solo en un marco de confianza mutua.

Frontera porosa. El río Mira la atraviesa desde el departamento colombiano de Nariño hasta la provincia ecuatoriana de Esmeraldas. Solo la selva funciona como el límite binacional, pero su naturaleza bravía hace de ese límite un línea difusa. Así se lee en una nota periodística de la revista La Semana, a pocos días del “Bombazo” en San Lorenzo. Al norte, se añadía, se estableció un enclave de cultivos de coca y laboratorios de cocaína sin igual en el mundo, disputado a fuego por los narcos colombianos, atractivo para los carteles mexicanos. Apenas unos kilómetros al sur, del otro lado, el territorio parecía mantenerse ajeno a ese conflicto, en una calma frágil que por momentos se trastocaba, y que se quebró definitivamente con el doloroso secuestro y asesinato de los trabajadores del diario El Comercio.

Tráfico. La revista La Semana afirmó que “Guacho” se aprovechó de esa ambigüedad del territorio. Luego de años de patrullaje en la frontera, como guerrillero de las Farc, dominó su geografía. Tras el desarme, usó ese conocimiento para traficar ahora por su cuenta, y también para escabullirse del cerco de las autoridades. “Estamos viviendo las consecuencias del conflicto de nuestro vecino”, recordamos que dijo Lenín Moreno, luego de confirmar la muerte de los periodistas ecuatorianos.

Cultivos. La frontera norte es un territorio tan complejo que estaba llamado a convertirse en un laboratorio de la paz, pero con el paso de los meses, las apuestas por la erradicación forzada sobre la sustitución de cultivos y el mismo sabotaje de los criminales, sembraron el caos. “En los últimos años, con el desinterés de los narcos colombianos de la ruta gringa de la cocaína, los mismos carteles mexicanos empezaron a enviar a sus emisarios hasta la región, para comprar, como si estuvieran en subasta, kilo por kilo hasta completar sus cargamentos”, señaló La Semana.

‘Guacho’, hombre anónimo que lideró la disidencia
De humilde comerciante al asesino más buscado, así fue el camino de Guacho (FOTO). En 10 años pasó del anonimato a ser el líder de la disidencia más peligrosa de las Farc. Revista La Semana, reseña que en su ascenso delincuencial se aprovechó de la fragilidad de la frontera y de un multimillonario negocio. Hace 10 años, Walter Patricio Arizala, quien entonces era un humilde comerciante, cruzó la frontera norte convertido en Guacho, un recluta de la columna Daniel Aldana de las Farc. En las inmediaciones del río Mira, en jurisdicción de Tumaco, fue entrenado en el manejo de explosivos con los que atacó la infraestructura de la región, por la que pasa el oleducto trasandino, uno de los blancos de la hoy disuelta guerrilla.