Actividad artesanal en Imbabura está en

Ibarra. Agustín Recalde, Luis Morales y Nelson Suárez, no se conocen pero tienen el mismo futuro, con distintas actividades.

Son artesanos, viven en Urcuquí, Otavalo e Ibarra y son los últimos exponentes de su trabajo, un oficio que se niega a morir. La talabartería, el tejido telar y la restauración de imágenes religiosas son trabajos artesanales que se encuentra en vía de extinción.

Actualidad. En momentos en que la tecnología gana espacio a la actividad manual, los artesanos se aferran a su labor.

Una herramienta jurídica que buscan se defina para sobrevivir es la unificación de la Ley de defensa del artesano con la Ley de fomento artesanal. Con esta normativa pueden mejorar de alguna manera su trabajo. Al menos así lo reconoce Marcelo de la Torre, presidente de la Federación Nacional de Cámaras de Artesanos, Fenaca.

La actividad artesanal ecuatoriana genera empleo a 500 mil personas, aproximadamente, en 108 mil talleres registrados a nivel nacional, pertenecientes a 172 ramas de producción y servicios artesanales, sector que genera divisas por exportaciones en un promedio de USD 30 millones anuales.

Urcuquí. “Es una herencia que nos dejó mi padre y abuelo. Yo y mi hermano somos los únicos aquí en la ciudad que conservamos el oficio”, las palabras son de Agustín Melo, uno de los dos sobrevivientes de la talabartería (elaboración de productos en cuero), un oficio que muere lentamente.

No siempre fue así, desde los 70 a los 90 el manejo artesanal del cuero, que tenía un perfil de industria.

“Eran épocas memorables, esto lo aprendieron mis abuelos, luego mi papá y ahora nosotros. Hacemos todo tipo de artesanías en cuero, pero hoy en día todo es diferente”, explicó. Los artículos que se hace con el cuero son cinturones, bolsas, llaveros, monturas, zamarros, portafolios, carteras, correas, billeteras entre otros.

Otavalo. La situación es crítica en algunos sectores. Desde la Unión de Artesanos Indígenas del Mercado Centenario de Otavalo ‘Unaimco’, reconocen que la situación es delicada y la actualidad es preocupante.

El ingreso de artesanías de Perú, Bolivia y de China, aceleran el problema.

Otavalo, es conocido por su mercado artesanal; las cuales se pueden encontrar productos como: tejidos coloridos de lana, joyas hechas de piedra, tagua, plata y otros tipos de cristalería, muñecos artesanales entre otros.

La pérdida de identidad de las artesanías locales fue el principal motivo para la organización de lo que fue la Expo Otavalo que se realizó a finales del año anterior. El evento cumplió con las expectativas, pero falta articular más acciones para evitar que este oficio desaparezca.

La industrialización de sus productos les ha ido quitando espacio. La renovación generacional también está en declive, cada vez hay menos artesanos nuevos, por lo que temen que en pocos años labores como el tejido telar, la confección de sombreros y la alfarería entre otras, desaparezcan.

Ibarra. Nelson Suárez de 55 años es uno de los artesanos más destacados de Ibarra. Crea piezas, figuras y esculturas de arte además de restaurar las imágenes religiosas de las iglesias.

“Este es un trabajo que nos gusta, nos encanta y lo hacemos con mucho amor”, explicó el anteño quien también es pintor y dibujante.

Desde su taller ubicado en la ciudadela Los Ceibos en Ibarra, el artesano elabora sus productos que los vende a nivel nacional.

En 2015 cuando el papa Francisco visitó el país, Nelson junto a su esposa elaboraron 2000 mil figuras de su santidad que fueron comercializadas a nivel nacional.

Al igual que Recalde y Morales, el artesano ibarreño augura que en los años noventa, todo se lo realizaba de forma manual.

Agustín Recalde es uno de los dos talabarteros que siguen vigentes en el cantón Urcuquí. Aprendió del oficio hace más de 50 años.
Nelson Suárez vive en Ibarra y es uno de los pocos artesanos que dedican a la restauración religiosa en la provincia de Imbabura.