Actitud de entrega para los demás

IBARRA. Ver niños heridos o muertos marca la vida de los bomberos y de cualquier persona en el mundo.
“Quienes tenemos hijos vemos en esos niños a nuestros hijos y eso es bastante fuerte”, comentó Boris Cano, teniente del Cuerpo de Bomberos de Ibarra.
“He visto llorar a mis compañeros”, agregó. El teniente no olvida el rescate de siete cadáveres, entre las latas retorcidas de un automóvil luego de un accidente de tránsito, entre los que estaba un niño decapitado.

“Por más espeluznante que sea la situación hay que mantener la calma y hablar con la verdad”, relató Cano.
Desde los 18 años de edad Boris Cano está involucrado con el trabajo de emergencias, primero en la Cruz Roja, donde se preparaba como paramédico y luego en los bomberos, carrera que siguió gracias a una beca en Japón, otorgada por el IECE.
En los ocho años de su trabajo en Ibarra, piensa que lo que se sacrifica es la familia. “Se procura dar la mejor calidad de tiempo”, enfatizó.
 
 “Dios le pague”. A Juan Carlos Narváez, de 38 años, y bombero desde hace cinco lo que más le satisface luego de salvar vidas es escuchar de la gente un “Dios Le pague”. También marcó su vida el rescate de cadáveres de una familia entre los que se encontraba un pequeño de dos años.  La mayoría de emergencias que ha atendido son accidentes de tránsito; piensa que hace falta más respeto  y prudencia por parte de los conductores.
“Hay personas que son un peligro al volante”, comentó.
Dejó la carrera de Derecho y la cambió por la de bombero por necesidad y actualmente ama su profesión.

 Primero voluntaria. Mayra Cruz tiene 28 años de edad y ocho meses como bombera. Inició como voluntaria de la institución en Ibarra durante tres años y medio.
Desde niña, Mayra trabajaba en el mercado y en las calles vendiendo frutas con su madre.
La situación se tornó muy dura y con muchas ganas y vocación, emprendió la carrera de bombera.
Con ocho hermanos y su madre como cabeza de hogar Mayra ahora puede ayudar de mejor manera a su familia.
“Para mí era un reto… cuando uno quiere algo, se esfuerza por eso”, reflexionó.
La melancolía la envuelve cuando en las emergencias observa personas sufriendo por sus heridas.
“Pienso en mi familia y le pido a Dios que me dé más fuerzas para poder ayudar a las personas que me necesitan”, es el relato de las personas que escogieron una “profesión del alma”.

 La fuerza de voluntad

 LLEGÓ A IBARRA DESDE EL TENA para estudiar y graduarse como subteniente del Cuerpo de Bomberos. Estéfani Velasteguí (foto) tiene 20 años y una hija de 3 años de edad, llamada Shaddai, a la que tuvo que dejar en el Oriente con su padre, mientras ella se prepara.  La separación de Shaddai le afecta pero su hija le da fuerzas para seguir adelante.  “Todo lo hago por ella”, enfatizó. Se encuentra con su pequeña cada mes y medio, durante ocho días.  
Diego Loyo, de 26 años, se decidió por la carrera de bomberos para salvar vidas y auxiliar a quienes lo requieran. Es soltero; cree que lo más duro es trabajar bajo presión.  De 59 aspirantes a bomberos de tropa y oficiales,  seis se quedarán en Ibarra, mientras otros se distribuirán a las provincias de la zona 1, integrada por el norte y centro del Ecuador. El inicio de un curso depende de la capacidad presupuestaria de cada institución y de lo que requiera. En Ibarra, el curso empezó la primera semana de abril.