A un año de la catástrofe

Marcelo Almeida PastorNo se trata de hacer oposición sin criterio, pero los riesgos que tiene el planeta, la especie humana y las consecuencias que a la postre sufren las demás formas de vida existentes, son muy altas. En el anterior giro que la tierra dio al rededor del sol, penosamente sonaron las alarmas anunciando el desastre en Fukushima; un terrible terremoto desató un tsunami y éste su vez ocasionó fugas en el reactor número 1 del complejo atómico japonés, que consta de 6 en funcionamiento y 2 más en construcción a 240 Km al noroeste de Tokio. Quizás por ello, en el mundo pensante cada día crece una tesis, ¡Energía nuclear, No Gracias! Ese sordo palpitar de las alarmas que desata el miedo en la humanidad, parece no inmutar a los dueños del capital, del negocio nuclear y militar; por el contrario, ellos continúan el juego. Los expertos afirman que “China planea modificar su política energética, con una veintena de reactores en construcción, trece en funcionamiento y la ambiciosa intención de llegar a los cien para 2030, cifra similar a la de EEUU… Rusia posee nueve reactores en funcionamiento y prevé duplicar su producción de energía atómica en los próximos años”. Como se ve, hay intereses contrapuestos en el tema. Parece que no se aprenden las lecciones que dejan los tropiezos anteriores. Hace 26 años el accidente de Chernóbil (Ucrania) nos espabiló, por la magnitud de los daños humanos y ambientales; hoy con natural espanto, vivimos expectantes porque en Fukushima “los trabajadores se centran en evitar filtraciones y preparar la retirada de las varillas de combustible nuclear, una operación de gran dificultad que necesitará por lo menos 25 años para ser completada y 15 años más para el desmantelamiento definitivo de los reactores dañados”

. En Japón se extreman controles, pero continúan los registros de contaminación en productos comestibles como: carne vacuna, arroz, te, leche en polvo; también la cadena de cuidado se extiende a la salud en la población. El peligro no cesa y asecha.