A empujar la historia

juan rualesPasó lo que tenía que pasar. La historia se afirmó en sus aciertos y dio un salto adelante.  La elección del domingo 17 fue la cruz que le faltaba a la tumba del oprobioso pasado cuasi feudal y bastante neoliberal, para afirmar el proyecto que comenzó hace un lustro y que no avanzaba más raudamente por el lastre de los partidos oligárquicos de derecha enquistados en la Asamblea y por las desfasadas expresiones del fundamentalismo etnocéntrico y de la esquizofrenia nihilista arropada de un izquierdismo anacrónico que  ni hace ni deja hacer la revolución.

Con este triunfo histórico aplastante,  Correa no tiene ya pretexto para no transformar esta “revolución ciudadana” en una revolución más socialista, que vaya transformando a sus seguidores  en  un partido orgánico e ideológico, capaz de sostener el proceso cuando llegue el momento de los recambios sin el carisma aglutinador de su líder. Este debe ser el principal objetivo en este efímero período de cuatro años: Formar los cuadros  ideológicos, políticos y éticos que le den continuidad al proyecto de construir el nuevo Ecuador y la patria bolivariana en la que soñaron los próceres de nuestra primera independencia. Una nueva América Latina en la que, junto a la modernización del aparato productivo, se genere la equidad social, la solidaridad versus la competitividad, la identidad nacional y pluricultural, frente a la globalización depredadora de las culturas de los pueblos sometidos por el capitalismo.  Los cambios en el nivel de la infraestructura y la superestructura deben volverse también cambios en la estructura económica del estado, minar los intereses mercantilistas en los que se sostiene el capitalismo, e irlos reemplazando con pivotes humanistas. Ir eliminando las formas decadentes de propiedad sobre los medios de producción y creando otros acordes a la historia social contemporánea. Correa está dando los acabados al proyecto de desarrollo de las fuerzas productivas que dejó inconcluso Alfaro, para que el Ecuador sea un país industrializado y surja por fin una clase obrera urbana y rural que sobre estos cimientos,  emprenda la construcción de una sociedad verdaderamente socialista. No apoyar este proceso para la derecha es “justo y necesario”;  lo antinatural es que sobrevivan partidos autodenominados de izquierda,  que no entiendan la semántica de la historia.  

 

Juan F Ruales
juanf_ruales48@hotmail.com