64 años como herrero

Desde muy pequeño, Jorge Guillermo Caicedo  de 81 años aprendió el oficio de la herrería mientras observaba a su abuelo.

HERRAMIENTAS
Espuelas, frenos, romanas, trilladoras, llaves, piezas de carro y más: “Tenía paciencia para realizar ese trabajo y lo dejaba igualito al original”. Ese era el oficio que realizaba don Jorge para los pobladores de San Gabriel en su antiguo local que estaba ubicado en la calle Colón y los Andes.
Él cuenta que para hacer una romana se demoraba tres días, en una espuela un día, en una chapa día y medio. Esto, con el objetivo de darle los últimos detalles que la herramienta necesitaba para que el cliente se sienta satisfecho.
La mayoría de casas de San Gabriel están aseguradas por esta persona que dedicó casi su vida entera al oficio de la herrería.
Don Jorge dice que antes no había cuchillos, agujetas ni agujones: “Yo era muy pequeño y me las ingeniaba para hacer esos trabajos”. Pero en ese tiempo había quien comprara, “elaboraba bastante y asimismo esperaba que llegue el día sábado para ir al mercado, en donde me compraban todo”.
Lo que hace hoy don Jorge es componer las herramientas de los albañiles y de las personas del campo: “Ya no hay mucho trabajo, en una chapa me demoro día y medio, en el mercado la venden de 5 a 6 dólares, a mí me pagaban en mi época 25 dólares.
Las herramientas que utilizaba y utiliza: El fuelle, que servía para dar fuego a los trabajos que realizaba, la prensa, el yunque, sierras y martillos, que hoy se ven bastante pesados al momento que don Jorge se agacha para recoger uno, en donde conserva más de cinco.
“Ahora lo que más hago es estar sentado aquí dentro de mi casa leyendo y de repente llega alguna tonterita para utilizar mis herramientas”.
Jorge Caicedo de 52 años, es su hijo, él cuenta que cuando nació, su padre ya tenía el oficio: “Antes había bastante trabajo, la seguridad en las puertas de las casas siempre se hacían con dos llaves, los portones de algunas haciendas también hizo mi papá, a él lo venían a buscar para que vaya hacer el trabajo.
Fines de semana hacía herradura para las personas que salían del campo, “con eso nos mantuvo y nos educó, eramos nueve hijos, ahora somos ocho porque uno falleció hace unos 30 años”.
Sus hijos salían de la escuela, comían y desde las 4 de la tarde hasta las 5 le ayudaban a su padre con el trabajo, pero don Jorge trabajaba solo la mayoría de veces.