30 años vendiendo leche de cabra

Ibarra. Amarradas a un pequeño árbol en el parterre central de la avenida Eugenio Espejo o atadas con una pequeña soga a la mano de su propietaria, permanecen toda la mañana tres cabras, que proveen de leche recién ordeñada, a decenas de personas que buscan nutrirse y curarse de diferentes enfermedades.

A partir de las 07:00, todos los días Sara López, llega al sitio. Con un pequeño costal, en donde recoge los desperdicios, y una funda de vasos, la mujer vende leche de cabra a los ibarreños, visitantes y usuarios de la Terminal Terrestre.

Sara, de 55 años de edad, es oriunda de Ipiales, sur de Colombia, pero llegó a Ibarra hace 20 años a continuar con el negocio que tenía en el vecino país.

La rutina de la mujer empieza a las 05:00, cuando limpia y prepara sus animales para salir desde su casa, ubicada en el barrio 10 de Agosto.

Historia. Colocada un sombrero que le protege del intenso sol, la mujer relata con notable calma, que se dedica a extraer la leche de estos animales hace 30 años, desde que vivía en su tierra natal.

Dice que la leche de cabra tiene múltiples beneficios, especialmente para el tratamiento de enfermedades cardiorespiratorias y de los pulmones, por eso le hace muy apetecida por decenas de personas que, incluso, cumplen tratamiento con la ingesta de la leche.

Sara cuenta que la alimentación y buen trato a sus animales, es clave para que produzcan leche de calidad.

“Lo que le damos para comer es monte, uña de gato, chilca, mosquera, y se les suplementa con melaza, morochillo y zanahoria. Antes de venir se les da de comer y luego a las 13:00, después de que terminemos con la venta. Al momento tenemos 30 cabras, pero productoras de leche son solamente ocho, las que vamos turnando para salir a la venta diaria. Cada animal da dos litros de leche diarios, que sabemos que tiene menos lactosa que la leche de vaca”, aseguró la mujer mientras ordeñaba a una de las cabras para vender el producto natural a uno de sus clientes frecuentes.

Situación. La mujer asegura que, últimamente, la venta han bajado, ya que las autoridades locales no les permiten pernoctar en las calles como antes, y en el sitio en donde está vendiendo junto a su esposo Ricardo Cerón y sus hijos María Isabel y Juan Felipe, no se vende lo mismo.

“Esta es nuestra fuente de trabajo, como no nos dejan vender en el centro estamos cerca a la terminal. Con esto he salido adelante, he educado a mis hijos y pagos mis gastos, la gente ya nos conoce y vienen a buscarnos. Quisiera decirle a las autoridades que nos dejen vender en la calle, ya que es nuestra única fuente de ingresos”, agregó.

Sara cuenta que las cabras tienen un promedio de vida de cerca de 18 años, y que, mientras están trabajando, todo el tiempo están recogiendo los desperdicios, los animales siempre están limpios y utilizan una especie de bozal tejido, que evita que coman desperdicios, todo con el objetivo que la leche que llega a los clientes sea de la mejor calidad.

“Tenemos el permiso de Agrocalidad para poder vender la leche, todas las cabras están examinadas y, para que estén en óptimas condiciones, lo único que toca es saber darles de comer y hacerles pastar correctamente”, dijo Sara mientras se disponía ya a retirarse del lugar y esperar a la camioneta que transporta, día a día, los animales hasta su casa.