17 de diciembre, el fallecimiento de un grande de América

Ibarra. El Libertador Simón Bolívar visito la ciudad de Ibarra y la provincia de Imbabura por siete ocasiones, siendo su última visita a fines del mes de Octubre e inicios de Noviembre de 1830 con ocasión de elevar a la Villa de Otavalo (31 de Octubre) y de Ibarra (2 de Noviembre) a la categoría de ciudades, en su calidad de Gobernante de la República de Colombia, toda vez nuestro país fue parte del gran sueño de la Gran Colombia.

La salud del Libertador. Llegando el Libertador a Bogotá a mediados del mes de Noviembre, su salud se deteriora y con los acontecimientos políticos del momento, preocupaciones y traiciones de muchos de sus aliados, Simón Bolívar se da cuenta de que su salud esta mal y a inicios del mes de Diciembre toma una determinación de viajar desde Cartagena de Indias a Europa para curar su enfermedad que cada día se ponía peor. Por ello sus súbditos viajan desde la Capital colombiana camino a Cartagena, pero en medio del camino su situación se vuelve mucho más complicada, lo que obligó a la comitiva ir a Santa Martha.

A su llegada en horas de la noche, el General fue recibido de manera cordial por la población local, actitud que generó grata impresión en su séquito, dado que había rumores de que los lugareños tenían aversión al Libertador.

Allí, luego de ser presentados por el general colombiano Mariano Montilla, el Libertador tuvo la oportunidad de conocer a quien sería su médico de cabecera, el cirujano de guerra colombiano nacido en Normandia (Francia), Alejandro Réverend. Luego de mantener una conversación en francés con el galeno, el Libertador le transmitió las buenas referencias que tenía de él, y que pese a ser bastante reticente a la medicina, confiaba en que sería su nuevo médico.

Él era trece años menor, el encargado de propiciar una pronta mejoría mediante el uso de todo el conocimiento y tratamientos médicos disponibles en la zona y la época.

Pronóstico médico. En primera instancia el pronóstico médico realizado por el doctor no fue nada alentador, dado que tras interrogar al General sobre su padecimiento, éste le puso al tanto sobre el poco cuidado y desinterés que había tenido respecto al tratamiento de su enfermedad, por lo que tras reunirse con el doctor Mac Night, cirujano del barco de guerra norteamericano Grampus, el cual escoltó al General en la última parte de su viaje por el río Magdalena, con el fin de obtener una segunda opinión médica, se llegó a un común acuerdo sobre qué tratamiento seguir respecto a la enfermedad diagnosticada.

El Libertador fue hospedado en la Casa de Aduanas de Santa Martha pero por recomendación del médico de cabecera, el 6 de Diciembre fue trasladado a la Quinta San Pedro Alejandrino en un carruaje a paso lento por el estado de salud muy complicado.

Una vez instalado en la Quinta de su buen amigo y contando con un médico de cabecera permanente se iniciaron todas las recomendaciones médicas para lograr que su salud mejore.

Los primeros días de estancia en la hacienda se vieron marcados por el optimismo que mostraba el Libertador respecto a su salud y futuros planes que llevaría a cabo, como lo era la obsesión con trasladarse a las cercanías de la Sierra Nevada de Santa Martha lo cual había dado instrucciones al general colombiano nacido en Navarra-España Jóse Sardá.

Pensaba construir una cabaña o la organización de un viaje junto a su médico con el fin de explorar Francia y quedarse a vivir en tierras europeas, pero este optimismo se veía considerablemente disminuido por el quebranto propio de su enfermedad.

Su final inesperado. Con el transcurso de los días y ante un pronóstico médico poco favorable, los miembros de su séquito instaron a Alejandro Próspero Révérend de informar al General, de la gravedad de su enfermedad, con el fin de que fuese preparando todos los asuntos legales de relevancia e instrucciones de cómo proceder en caso de su muerte, por lo que, luego de un fallido intento debido a que el Libertador entró en estado de cólera al momento de insinuarle la realización de estos procedimientos, y posteriormente terminar siendo convencido por su médico, el 10 de diciembre en horas de la noche, estando presentes los generales colombianos Mariano Montilla, José María Carreño, José Laurencio Silva y el dueño de la casa, varios amigos del Libertador y el notario Catalino Noguera, tuvo lugar uno de los hechos más simbólicos de estos acontecimientos: la redacción de su testamento y posteriormente de la última proclama dirigida a los colombianos, donde Simón Bolívar da una visión personal del estado político de Colombia, de su tristeza, de sus medidas para apaciguar las rebeliones y de la esperanza que tiene en la continuidad de la confederación.