La producción de uniformes escolares sí está paralizada

La venta de uniformes y calzados dinamizaba la economía en esta temporada, antes y durante el inicio de clases escolares en Ibarra

Ahora, con la modalidad en línea por la pandemia del coronavirus, estos productos se han quedado guardados.

El uso de los uniformes no es obligatorio, según disposiciones del Ministerio de Educación, aunque esto cambiaría si los estudiantes vuelven a las aulas.

La mayoría de comerciantes se vieron obligados a cambiar la línea de negocio por la crisis económica que provocó la pandemia.

Unos se dedicaron a la venta de verduras y otros a confeccionar mascarillas y trajes antifluido.

Janeth Roldán ha tenido su negocio desde hace 11 años, pero aseguró que esperará hasta diciembre, ya que si la situación no mejora cerrará su local, ubicado en el centro de Ibarra.

Normalmente trabaja con cinco personas, pero en la temporada de julio y septiembre aumentaban tres ayudantes por los pedidos de uniformes de algunas instituciones educativas. Sin embargo, actualmente se mantiene solo con cinco. Pese a ello, en esta misma época facturaba entre 40 mil y 50 mil dólares.

Situación crítica
Durante los 11 años contó que se han dedicado a la confección de uniformes para el personal de salud y para meseros de los restaurantes, pero lo fuerte era la temporada escolar.
“Nuestras ventas ahora son cero”, dijo Janeth, quien además manifestó que la pandemia les ha afectado en un 80 por ciento.

“Estas ventas era lo que a nosotros nos mantenía, ya que de los otros insumos es baja porque muchas veces no cubre ni los gastos que tenemos”.

De la misma forma indicó que al permanecer las clases vía internet ya no se vende nada, “esos ingresos se convirtieron en cero. Estamos esperando que pasa en el segundo quimestre para tomar decisiones”.

Los gastos para mantener el local son altos y el costo del arriendo se mantiene. Mensualmente cancela 550 dólares.  Aunque desde marzo inició la emergencia sanitaria, Janeth se reactivó desde mayo.

Durante ese tiempo y hasta ahora se dedica a la confección de mascarillas y buff, pero al tener tanta competencia en las calles estos pedidos también disminuyeron.  Al inicio, según Janeth, vendía hasta 20 buff por día, pero ahora apenas logra vender tres a la semana.

“Es muy difícil que el cliente piense en calidad, ahora busca adquirir lo que le alcanza pagar. Nosotros hemos mantenido nuestra calidad con productos certificados y precios cómodos”, mencionó.

La emprendedora está confiada en que se reactivará la economía y espera también la ayuda de las autoridades.

Efectos
Sergio Ayuquina tiene su puesto de calzado en el centro comercial La Bahía, un lugar que normalmente solía estar lleno de usuarios que buscaban zapatos nuevos para sus hijos.
“Dios aprieta pero no ahorca”, dijo Sergio, quien tiene las esperanzas de que la economía en el país se va a reactivar en los próximos meses.

“Yo creo que la venta de calzado se acomodará un poquito una vez que inicien de nuevo la clases presenciales”, señaló el comerciante.

Ayuquina también considera que la clientela no es fija porque “van al lugar donde le dan un mejor trato, calidad y buen precio”.

Mencionó además que en esta temporada no se vendía tanto, ya que para Sergio “el desempleo ha ocasionado que mucha gente se dedique al comercio informal. Por la falta de trabajo ahora hay mucha competencia y eso es lo que nos ha perjudica un poco en los últimos años”, añadió.