100 días

No fue, hasta hace poco, costumbre, ni menos tradición, pero en los últimos años, las autoridades se han impuesto una primera y superficial rendición de cuentas, diluida en bonitos y emotivos discursos, para que analistas y ciudadanos realicen una supuesta “evaluación” de la gestión administrativa de las autoridades en los tres primeros meses.

Pese a esos antecedentes, esa exposición sobre los primeros “100 días” de tarea administrativa de un alcalde, de un Concejo, sí pueden servir para conocer algo esencial en el desarrollo de una ciudad, de una provincia. Saber si la autoridad, si su equipo de gobierno, tienen un proyecto de ciudad, de provincia que permita a estas superar sus problemas presentes y resolver sus exigencias futuras.

Esos primeros 100 días deben servir precisamente para ello: analizar la realidad, planificar y priorizar tareas, diseñar una exigente hoja de ruta que diga claramente hacia dónde irá la ciudad en el presente y en el futuro. Esto no se logra sin un Concejo ajeno a los prejuicios y celos personales y partidistas. Si lo prioritario son las exigencias coyunturales. Si el equipo profesional técnico, no se identifica con la ciudad, sus problemas y potenciales soluciones.

Poco se alcanzará si el Concejo muestra fisuras, si no supera sus diferencias y estas priman sobre los intereses colectivos. Pasaron los días de culpar a otros, de los discursos bonitos y los abrazos. Desde el día 01 era hora de planificar y trabajar en serio.