Cinco escenas que hicieron ganar un Oscar a sus protagonistas

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Cinco escenas que hicieron ganar un Oscar a sus protagonistas. ¿A quién, cómo y por qué? Estas escenas hicieron subir a la gloria a las cinco actrices que las protagonizaron.

Julia Roberts, Oscar a la Mejor Actriz por Erin Brockovich. Año: 1999

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Basada en hechos reales. Atención: esta frase es mágica para los académicos de Hollywood. Si una película, además de tener actores consagrados y un guión decente, está inspirada en una historia de no ficción, tiene media estatuilla ganada. Así que Erin Brockovich, la historia de una secretaria que puso una mulitimillonaria demanda a la Pacific Gas and Electric Company por contaminar el agua de miles de familias, tenía todos los ingredientes para triunfar aquella noche de los Oscar 2000.

La escena: El abogado Ed Marsey (Albert Finney) con el que Erin (Julia Roberts) se ha enfrentado a la todopoderosa empresa va a comunicarle la cuantía de su bonificación tras ganar el caso. En un momento, la avisa de que la cantidad no es la que ella esperaba (en realidad, es mucho mayor). Entonces, Erin/Julia hace uno de sus famosos discursos. "¿Sabes por qué la gente piensa que los abogados sois unos chupasangres? Porque lo sois". Le robó el corazón a los académicos.

 

 

 

Meryl Streep, Oscar a la Mejor Actriz por La Dama de Hierro. Año: 2011

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19 nominaciones y solo 2 dianas. La persona que más veces había sido candidata de la historia estaba a punto de perder la esperanza de subir a recoger otro premio. Pero entonces llegó este proyecto. El biopic definitivo de Margaret Thatcher, la primera ministra británica, mito político e icono del siglo XX. Streep se aisló una semana en su casa de Los Ángeles para preparar el papel y visionó todos los discursos de Thatcher en la Cámara. El resultado es una simbiosis tan perfecta que, en algunas escenas, resulta realmente difícil distinguir a la actriz de la política.

La escena: Una implacable Margaret Thatcher explica al Secretario de Estado norteamericano su decisión irreversible de ir a la guerra de las Malvinas (Argentina). ¿Quién podría argumentar en contra?

 

 Kate Winslet, Oscar a la Mejor Actriz por El lector. Año: 2008

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Un chico joven lee novelas y cuentos a una mujer madura con la que acaba teniendo una relación. No es la primera vez (ni ha sido la última) que el cine dibuja una historia de amor entre una mujer mayor y un chico joven (casi adolescente), pero El lector incluía varios ingredientes más: está basada en la novela homónima de Bernhard Schlink y se sitúa en los juicios tras el Holocausto. Una historia sobre el amor y el horror (nazi).

La escena (atención, spoiler): En el juicio, Hannah, la protagonista, intenta explicar por qué no hizo nada para salvar a los cientos de judíos que custodiaba. En este momento (acento aleman incluido) Kate Winslet ganó su Oscar.

 

 Jodie Foster, Oscar a la Mejor Actriz por El Silencio de los Corderos. Año: 1991

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Si de algo está llena la historia de Hollywood es de causalidades: una actriz rechaza un papel y le cae del cielo a otra que lo desea secretamente. Este fue el caso de El silencio de los corderos, el thriller que cambió la forma de rodar este género en los 90. La historia de Hannibal Lecter y Clarice se estrenó el día de San Valentín y nadie había pensado en Jodie Foster para el papel de la agente del FBI. En realidad, estaba escrito a la medida de Michelle Pfeiffer, que dijo "no" porque la película le parecía demasiado oscura (razón no le faltaba).

La escena: Clarice cuenta cómo oye llorar a los corderos en la granja donde vivía. El director quería incluir un flashback que mostrara a la Clarice niña, pero los gestos de Foster al contarlo fueron los suficientemente expresivos para no tener que añadir nada más. En la última escena, cuyo rodaje duró 22 horas, tampoco tuvo que hacer que temblaba: la actriz estaba tan exhausta que no le hizo falta fingirlo.

 

 

Natalie Portman, Oscar a la Mejor Actriz por Cisne Negro. Año: 2010

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Darren Aronofsky (Requiem for a dream) es el director de la autodestrucción. En este caso, eligió el superobsesivo mundo del ballet clásico. La competitividad, los celos y la disciplina de una de las modalidades de baile más exigentes que existen le sirvieron para construir la historia de una bailarina consumida por su propia infelicidad.

La escena: Natalie Portman se transforma de un joven e inocente cisne blanco al aterrador cisne negro que esconde en su subsconsciente. Los rumores de que su cara había sido añadida digitalmente y que no era ella la que bailaba, sino una doble, no afectaron a la actriz. Ella nunca confirmó que entrenara entre 8 y 10 horas diarias para el papel ni que hubiera esperado casi una década para interpretar a Nina. Subió a recoger el Oscar gracias a ella.

 

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