Ibarreño lleva su música a Canadá

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Ibarreño lleva su música a Canadá

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enfoque-1El talento y las ganas de salir adelante fueron suficientes para que el ibarreño Patricio Chiza saliera del país a radicarse en Canadá y demostrar que cuando una persona desea algo, el mundo conspira para que lo consiga.


Patricio nació en la Ciudad Blanca. Sus estudios los cursó en la escuela La Salle, el colegio San Francisco y en el Teodoro Gómez. Estudió tres años de Ingeniería Civil en la Universidad Central de Quito. En 1993 conoció a quien hoy es su esposa, Michelle Ricketts y esa fue la razón para dejar su país y trasladarse hasta Toronto.
Empezó a hacer música en Canadá. En 1999 formó el grupo The Imbayakunas y desde entonces realizan presentaciones cada verano. Desde mayo hasta septiembre de cada año. “Acabamos de terminar con la gira de este año. Los músicos ya regresaron a Ecuador pero estoy viendo la posibilidad de regresar a los países de los Emiratos Árabes. Estuvimos en Dubái en 2012 durante 6 semanas y queremos regresar”, dice.
De igual forma entre sus proyectos está una gira en Ecuador. “Nunca hemos hecho una gira por nuestro país y esperamos tener pronto la oportunidad”.
Patricio tiene tres hijos. Una hija en Ibarra y dos hijos con su actual esposa en Canadá. Lo más difícil de dejar su país hace 22 años fue dejar a sus padres, sus hermanos y su hija. “Dejarlos a ellos fue lo más difícil y también acostumbrarte a un nuevo país. Aquí todo es muy diferente”.
A inicios de este año, el grupo musical de Patricio fue nominado por el Aboriginal Peoples Choice Music Awards que se realiza cada año en Canadá para toda la música Aborigen y en diferentes géneros. El premio que recibieron fue del de Mejor Grupo Internacional Aborigen.
El grupo tiene información en su página web: www.theimbayakunas.com así como también en facebook/Imbayakunas. Además tienen videos en Youtube de los festivales que realizan en Canadá.
El ibarreño aprovechó para enviar su mensaje a los lectores de Enfoque. “Nunca dejen sus sueños. Si su sueño es salir del país tomen en cuenta que es muy difícil acostumbrarse a un nuevo mundo pero todo en la vida se puede. Así que no se dejen vencer por los obstáculos y cumplan sus más grandes anhelos. Un saludo para toda la gente de mi tierra”, expresó.

 

El aguafiestas

Los otros emigrantes, los que no se lamentan

Yo habría tenido el valor de tomar mi guitarra, mi quena, mi violín o mi rondador e irme por el mundo a vivir la experiencia de que en muchos países escucharan una música extraña, miraran unos instrumentos exóticos y observaran pieles cobrizas e indígenas interpretando una música desconocida.
Pero no pude porque alguna vez lo intenté sin que diera resultado. Y ni siquiera fue al extranjero, sino a Santo Domingo, Quevedo, Guayaquil, Durán, Huigra, Riobamba, Ambato, Latacunga y, de vuelta, a Quito.
Eran los años 80 y recién graduados del colegio se nos ocurrió que nuestro destino era la música. Y que la única manera de consolidar ese destino era probándonos frente a públicos que nunca habían escuchado nuestra música, entre folklórica, protesta y baladas poéticas y reflexivas: hoy sería una suerte de letras de Sabina acompañadas con música de zampoñas, bombo y quena.
Queríamos ser como Inti Illimani o Quilapayún, pero también como Mocedades. Y, a veces, como Joan Manuel Serrat o Los Presuntos Implicados.
O sea que no sabíamos qué mismo. Cuando nos presentábamos en bares o pequeños teatritos el público no sabía de qué tipo de grupo se trataba y aplaudía entre escéptico y satisfecho de la fanesca que escuchaba.
Tras la confusa gira nacional decidimos colgar los instrumentos y cada uno a tomar su rumbo. Trabajar o estudiar. Nada de viajes ni fama ni fortuna.