Pasó 8 meses en la cárcel, injustamente

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Pasó 8 meses en la cárcel, injustamente

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ver“Soy un joven ibarreño como tantos, un ser humano con defectos y cualidades, un joven enamorado de la vida y de una mujer, mi novia, llena de muchas cosas bonitas. Quiero estudiar, quiero ser ciudadano de bien que luche por vivir mejor y ser feliz y hacer felices a los que reciban mi esfuerzo y mi dedicación. Voy a contar una parte de la historia de mi vida que no lo deseo a nadie.


El sábado 9 de mayo de 2015, debía presentar algunos deberes de la Universidad, fui a la oficina de mi papá, Magister Galo Álvarez, docente reconocido de la UTN, para que me ayude a hacerlos. En ese momento mi papá estaba con una estudiante que empezaba su tutoría de tesis, srta. E.M., a quien nunca en mi vida había visto y aún menos sabía su nombre y apellido, ahora, lo sé… y jamás lo olvidaré porque gracias a su malintencionada acción viví un infierno y con esto también mi familia.


Estaba en la oficina de mi papá y entre chistes y alegrones y toma de confianza decidimos ir a comer.Llegó mi amigo, Pablo Tirado, con quien fuimos a comer a Yahuarcocha, invitación realizada por mi padre, a la cual nunca le invitamos a E.M., pero ella se coló. Por cortesía mi padre la invitó y nosotros la llevamos. Cuando regresamos, camino a la Universidad, decidimos comprar licor, y E.M., quien entre coqueteos y piropos, nos dijo que ella conocía una “hueca”; mi padre retiró dinero de un cajero del banco y compramos una botella de whisky.
Yo vivo desde mi niñez en la Ciudadela Municipal, con mis hermanos y mi madre, somos conocidos por los vecinos con quienes mantenemos relaciones de respeto. Mi madre, Ing. Sonia Echeverría, funcionaria del GAD-I, es la persona  con quien vivimos y compartimos el día a día. En vista de mi cercanía a este lugar decidimos libar en el parque Atlanta, un sitio público, el cual al no estar cerrado tiene acceso de todos los vecinos de la Ciudadela Municipal.
Pasó el tiempo y el licor hizo efecto. Mi padre se embriago y toda la tarde pasó dormido por el exceso del alcohol que consumió. Mi amigo se fue  a la casa y regresó en su bicicleta y en forma permanente daba vueltas por el sector. Con la chica empezamos a hablar de todo y seguíamos consumiendo licor hasta el punto de entrar a  caricias y besos intentamos tener relaciones sexuales, sin medir la consecuencias porque estábamos embriagados, incluso yo más que ella, que es una chica que tiene 10 años más que yo.


En ese momento nos sorprendió un vecino del lugar y nos llamó la atención diciéndonos que no seamos inmorales, que cerca de ahí hay moteles y que estamos dando un espectáculo inadecuado a los niños que jugaban en el parque. Entré en nervios y sustos, ella delante de el vecino que nos sorprendió, dijo vámonos y se cubrió el rostro con el cabello por vergüenza.
Desde ese momento dimos vueltas y vueltas por el sector. Reconozco que fue una conducta irresponsable conducir ebrio ya que cerca de una tienda casi atropello a alguien, según las versiones de los vecinos. Por esa razón los vecinos llaman a la Policía, y dieron aviso de que un vehículo color vino estaba circulando por el sector y el conductor en estado etílico. Eso pasó cerca de la 18:00 y nosotros seguíamos tomando. En un momento yo bajé a comprar cigarrillos y la chica continúo en el vehículo esperando que regrese para seguir dando vueltas.
Cerca de las 19:00, en una de las calles de ese sector, en una mala maniobra producto del alcohol, impacté el vehículo en un bordillo alto y el carro no salió.
Mi padre seguía dormido, es más ni se percató de lo que sucedía. Con la chica seguíamos tomando cuando vino la Policía, y al ser interceptados en un desacierto la chica se inventa, dice que le están violando. Entre susurros al oído de uno de los policías inventa tamaña mentira. Ese mismo momento el vecino que nos sorprendió antes dijo, “estos chicos en la tarde tenían relaciones sexuales”. Nadie le violó, ni nadie le dio drogas ni teníamos en el carro otra cosa que no fuera licor.
En ese momento la chica toma su celular le llama a su padre que ha sido Mayor de la Policía y le entrega a uno de los policías y él solo decía, “a su orden”, “en este momento”, “a la orden”………. Y empezaron a buscar las supuestas drogas que nunca encontraron, porque nunca tuvimos nada, peor le dimos ni marihuana, ni escopolamina ni nada que le haga perder la conciencia y me detuvieron junto con mi padre.
Desde ahí empezó la tragedia para mi familia y para mí, los policías me llevaron con mi padre al hospital para que nos hagan una valoración del estado en el que nos encontrábamos.
Ni ahí mi padre entendía en el problema en el que estábamos porque seguí ebrio. Al día siguiente, domingo 10 de mayo (Día de la Madre), en la audiencia que se dio nos enteramos oficialmente que estamos acusados de “violación”.
No asimilaba la gravedad de la mentira de una chica que por cuidar su reputación inventa tamaña mentira, que derivó en un inmenso dolor para mi familia, pues me trasladaron al Centro de Rehabilitación Social (la cárcel).
Las investigaciones iban y venían y en medio de tanta incertidumbre y dolor, para mi suerte las pruebas desvirtuaban la mentira, le valoraron a la chica desde el inicio de su mentira, no encontraron marihuana, drogas, ni escopolamina, peor a mí, hasta pruebas de ADN me hicieron. Pero mi padre y yo seguíamos en la cárcel, un lugar en el que con mucho dolor y desesperación aprendes muchas cosas: valoras lo que tienes, piensas lo que dices, reflexionas mil veces lo que haces y la vida te da una lección y te enseña algo que no olvidarás, junto al drama humano que viven decenas de hombres y mujeres que pagan su deuda social entre muchas privaciones, vicisitudes y dramas humanos que aniquilan la dignidad de los seres humanos.
Con el apoyo incondicional de mi familia, especialmente mi madre y mis dos ñaños, esperaba la audiencia de diciembre, fecha en la que se definía mi caso.
Gracias a Dios y con el profesionalismo de mi abogado defensor, se comprobó que todo fue un invento perverso de EM, y me declararon inocente y el 23 de diciembre del 2015 recobré mi libertad. Este acto es el inicio de una nueva vida para mí. Hoy anhelo seguir con mis estudios superiores con la misma alegría de la juventud, pero con mayor responsabilidad. El 21 de abril de este año la Corte Provincial de Justicia a través del Tribunal de Garantías Penales de Imbabura ratificó mi inocencia.
Desde hace cinco meses trabajo en una entidad pública, me gusta lo que hago, con mi desempeño sé que aporto a la sociedad. Soy Cristian Álvarez Echeverría, un muchacho de 20 años que por un error pasó la peor experiencia de su vida, que llevará esa vivencia lacerante y traumática por siempre, pero que esa misma vivencia es también la motivación para continuar mi camino, crecer como persona y como ser humano.


Volveré a la U porque quiero prepararme para la vida y para ser ejemplo de mi hermano menor.
No quisiera que nadie pasara por lo mismo que yo viví, que ninguna familia causa en una desgracia como esta. A la chica que me acusó, no le deseo ningún mal y deberá asumir las consecuencias de su mala fe. Dios se encargue de ubicarla en la vida”.