El submundo tras las rejas de Ibarra

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El submundo tras las rejas de Ibarra

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informeEn el interior del Centro de Rehabilitación Social, CRS, de Ibarra hay aproximadamente 580 personas Privadas de la Libertad, PPL, pero las instalaciones son para 300 reclusos.


Dentro de la cárcel cada uno de los PPL tiene cientos de historias para relatar, algunos cuentan como proezas las cosas que hicieron para estar ahí, otros se sienten arrepentidos por sus acciones y algunos insisten en su inocencia.

SUBMUNDO
Los internos ingresan en el CRS después de haber sido detenidos por la Policía Nacional y pasado por una audiencia en la que un juez dicta prisión al ciudadano. Al entrar hay diferentes reacciones: están los que entran con temor, por no saber que les sucederá y con la tristeza de dejar su libertad, otros ingresan como si llegaran a su hogar, por las múltiples veces que han estado ahí.


Para entrar a la cárcel el control es riguroso, los recién llegados están solo con la vestimenta que llevan puesta y les revisan todo para verificar que en su ingreso no tengan sustancias prohibidas y por seguridad.
Después las autoridades del CRS designan la celda en la que el nuevo reo iniciará el cumplimiento de su condena y desde ese momento comienzan los “eternos días” hasta terminar la sentencia.
Todos los internos deben levantarse antes de la siete de la mañana para “pasar lista”, la mayoría salen en pantaloneta, zapatillas y camiseta. Los guías verifican que los PPL estén completos y registran si hay algún tipo de novedad.
Después todos regresan a sus celdas y se preparan para recibir el desayuno, para esto todos hacen fila en una ventanilla en la que entregan su vajilla vacía y les devuelven café o colada con un pan.


La alimentación es una de las cosas por las que la mayoría de los internos se quejan, “la comida es poca y a veces es incomible”.
Para continuar con la mañana hay diversas actividades que pueden realizar, existen talleres en los que reciben carpintería, artesanías, pintura, radio, entre otros cursos. También están los que se ganan la vida vendiendo sándwiches, bombones o cortando el cabello.
En algunas actividades pueden recibir certificados que utilizan en audiencias en las que pueden obtener una baja en la pena, y se suma documentos en los que se asegure su buen comportamiento.
Por el hambre y la ansiedad, pensar en qué más pueden comer es una de las opciones, por esto se acercan al “economato”, lugar en el que pueden comprar cosas con el dinero que sus amigos y familiares dejan en la tienda de la esquina, ya que no pueden tener efectivo.
Por esto no todos están esperanzados en que haya dinero en su cuenta, la cantidad máxima que pueden gastar por mes es 40 dólares. También hay personas a las que no les van a visitar y no tienen dinero para cumplir sus necesidades alimenticias y de aseo.


Para buscarse la vida, esperan las visitas de los demás PPL para pedirles que les depositen algo de dinero en su cuenta a cambio de ayudarles a encontrar a su familiar o amigo.
Hay reclusos que esperan que los más débiles retiren sus cosas y les piden algo incluso con violencia o si algún conocido compra, le dicen que les colaboren con lo que necesitan.
Cuando lavan su ropa, lo hacen en unas lavanderías comunitarias y cuelgan una soga o una piola en el patio para que se sequen y esperan sentados o conversando con alguien cerca hasta que todo esté listo, con el fin de que nadie se lleve sus pertenencias.


En el lugar siempre hay discusiones y peleas entre los internos, pero la mayoría busca hacer sus cosas sin interferir en las de los demás para no tener problemas y pasar tranquilos la sentencia impuesta por los jueces.
Ya al mediodía vuelve la fila para recibir el almuerzo y todos esperan su turno para que les entreguen su comida. La sopa que más reciben es la de fideo y  “siempre le falta sal”.
El plato fuerte siempre tiene arroz y va acompañado con bolas de carne o una presa de pollo, cuando es mejor, y un vaso de fresco.
Cuando ya han ingerido los alimentos pueden volver a sus actividades en los talleres que participaron en la mañana o a grupos de autoayuda en los que buscan dejar de consumir drogas.
Cuando llegan las visitas los viernes y sábados, los internos se ponen su mejor ropa para recibir a sus familiares y amigos. Este es un momento de la semana en que los PPL comparten con sus seres queridos, algunos esperan con ansia estos días.
Cuando las visitas se van a las 16:30 o cuando ya terminaron sus actividades, los reclusos esperan la hora para pasar lista a las 17:00 y regresar a sus celdas. A las 19:00 las autoridades penitenciarias los vuelven a formar y registran todas las novedades del día. Luego, ya terminada la jornada vuelven a su encierro a descansar.
 En cada una de las celdas es otro mundo, no hay divisiones de PPL según el delito por el que fueron juzgados, todos se convierten en compañeros. Estos espacios están divididos en nueve y cada una tiene su nombre: Celda 1, 2, 3, 4, 5, General, Atenuados Altos, Atenuados Bajos y Prioritaria, en este grupo hay cuatro celdas y están las personas enfermas, ancianos o quienes han vivido extorsión.
En todos hay “canbuches”, espacios en los que duermen y son en forma de litera  con una cubierta de madera, en los que tienen un colchón y repisas para tener algunas de sus cosas, pero no todos tienen este privilegio, lo reciben según el orden de llegada.
En los pasillos hay baúles en los que guardan su ropa y pertenencias, todos están bajo llaves. En la noche antes de dormir se divierten con cartas, ajedrez y más juegos de mesa, también ven televisión, leen o dedican tiempo a conversar con sus compañeros.
En su rehabilitación tienen ayuda médica y psicológica, pero hacen falta servidores profesionales para que se los pueda atender de forma óptima. Si sienten algún dolor acuden a los especialistas, pero no hay las pastillas necesarias.
Mientras duermen, en promedio de una vez por semana, llega un grupo de guías o miembros de la Policía Nacional a realizar una requisa. También suelen haber operativos en la mañana o en la tarde.
En todas las intervenciones se encuentran cosas prohibidas como objetos corto punzantes, sustancias sujetas a fiscalización, cigarrillos, teléfonos celulares, cargadores, chips y más cosas que no deben tener según los reglamentos.
La vida dentro de la cárcel a cambiado desde los últimos traslados hacia los Centros de Rehabilitación Social construidos por el actual Gobierno, los PPL más conflictivos son los que se han ido y ya no existe el mismo estrés que antes.
En la última visita a Ibarra por parte de Ledy Zúñiga, ministra de justicia, dijo que se tiene planificado construir un CRS regional en Esmeraldas.

MINISTERIO DE JUSTICIA
Diario El Norte contactó con funcionarios del Ministerio de Justicia para obtener su versión, nos pidieron que enviemos un cuestionario y no respondieron, hasta el cierre de este informe, algunas de las preguntas fueron: ¿Por qué, a pesar de los controles para el ingreso al CRS de Ibarra, logran pasar objetos prohibidos a lugar? -  ¿Cuál es el presupuesto para la alimentación de los reclusos y hay un plan de nutrición para ellos? - Jerárquica y Burocráticamente: ¿Por qué es tan difícil acceder a la información sobre cárceles en el Ministerio de Justicia?