El peligro de husmear en las redes sociales

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Había escuchado de los chantajes que se dan a través de las redes sociales. No me  imaginaba el alcance que tienen  una serie de tentáculos y todo lo que pueden hacer cuando alguien cede y cae ante la tentación de quien está únicamente en una pantalla, pero el daño que te puede provocar es muy grande. Soy “Juan” (nombre protegido)  caí en ese juego,  fui  chantajeado por redes sociales  y, por eso, quiero contar mi historia.   


Sin medir las consecuencias, ni pensar  en quienes pueden salir afectados de esta decisión, decidí adentrarme en ese mundo, ya que mi curiosidad como periodista me decía investiga para ver qué es lo que encontramos.
Una cosa es que la cuenten y otra muy distinta es vivirla.
Luci, quien dice vivir en  la capital de los ecuatorianos (Quito)   y que tiene  ascendencia francesa, me envió, un sábado,  una solicitud a mi cuenta de Facebook. Acepté y empezamos a chatear. Al inicio   hace preguntas  básicas: como de dónde eres, cuántos años tienes,  cuáles son tus gustos y cosas así…
Después insiste y no se cansa de insistir en que debo de hablar con ella únicamente y estrictamente vía Skype. Acepté abrir una cuenta en esta plataforma, porque de  la que tenía anteriormente ya no recordaba ni el usuario ni tampoco la contraseña.  
Una vez que se dio la conversación por Skype, ella  pregunta si estoy solo y cuando le digo que sí,  pide que  le enseña mis partes íntimas, al principio me resisto, pero al otro lado de la pantalla, la muchacha hace lo suyo y empiezo hacer lo que ella me pide.   

El CHANTAJE
 El  ‘ritual’ dura entre cinco y siete minutos. Una vez que obtuvo lo que quiso, desaparece de la pantalla y después de tres minutos  llega el momento de la segunda parte: el chantaje, ya que tiene en su poder un video de lo que pasó en eso cinco o siete minutos de diversión.
Primero me pide que  le deposite 2500 dólares y, al decirle que no tengo, empiezan las amenazas. “Si ahora no me cancelas lo que te pido,  hago que el video llegue a tus  familiares y conocidos”, es lo que escribe ella.
Luego iniciamos una especie de regateo. La cifra baja y al  final queda en 150 dólares.
Pero las amenazas continúan  y en caso que no se le deposite la  cantidad en el lugar que pide, ella subirá a todo tipo de plataformas digitales  el video, con el objetivo de desprestigiarme ante mis familiares, amigos y conocidos. También con el objetivo de  lograr que mi vida se convierta en un infierno.
Si alguien observa ese video tal vez  me juzgue, otros se burlarán y   perderé, quizás,  el cariño de uno que otro de mi familia.
Pero decidí arriesgarme a  hacer esto y a contar mi historia, porque nada justifica que existan personas en cualquier parte del mundo que se dediquen a chantajear a la gente y que por unos minutos de ‘locura’ intenten arruinarte y  hacer de tu vida un verdadero  infierno.