Arriesgan sus vidas para salvar otras

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Arriesgan sus vidas para salvar otras

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salvarSUCESOS.- Pablo Córdova es la identidad del recepcionista del hotel ‘El Gato’, que fue rescatado el lunes en el centro de Portoviejo. Equipos de rescatistas del Cuerpo de Bomberos de Bogotá (Colombia), de Cuenca y de la Comisión de Tránsito de Ecuador (CTE) procedieron a abrir tres frentes entre los escombros para sacar al ciudadano.

Son historias y cada vez más dramáticas las que viven a diario los rescatistas. El bombero de la localidad de Manta Narciso Vélez todavía se estremece al recordar el momento en el que la tierra zarandeó al noroeste de Ecuador con una mortífera sacudida y revive con rostro tenso la desesperación que se siente cuando una persona pide auxilio debajo de toneladas de escombros. “Dondequiera que piso todavía siento el movimiento de aquel fuerte terremoto”, dice, al tiempo que asegura que la ciudad de Manta de hoy es “otra” muy diferente a la de antes de la sacudida, que ha dejado en la zona, hasta el momento, 480 muertos, 4027 heridos y 231 desaparecidos.

EN EQUIPO

Bomberos, policías, médicos y especialistas en rescates son algunos de los servidores públicos que hoy ponen cara al lado más humano en medio del drama que vive Ecuador. Vélez, en declaraciones distribuidas por la Secretaría Nacional de Comunicación, recuerda que en las primeras horas tras el terremoto, él y sus compañeros sacaron a nueve personas del fondo de los escombros de un hotel, ocho de ellas con vida. También explica con satisfacción el trabajo que le costó a su equipo otro de los rescates, el de una joven, que tomó cerca de seis horas desde que se confirmó su presencia entre las ruinas.

ESPERANZA

Con herramientas, con las manos, los bomberos trabajan con lo que tengan a su alcance porque “lo importante es salvar a las personas” allá donde estén, comenta al expresar su confianza en encontrar todavía más personas vivas que puedan sumarse a las 54 que hasta ahora han sido rescatadas. El bombero dice que es “desesperación” lo que se siente cuando se escucha la llamada de auxilio de alguien que está cinco o seis metros más allá y al que “no puedes ver, y si lo ves, no tienes cómo sacarlo”. Otro testimonio que evidencia el valor humano en medio de la catástrofe es el de Silvia Farías, una joven médico-policía que afirma que “ayudar a la ciudadanía está sobre todas las cosas”. Los miembros de la Policía que intentan controlar que la gente no cruce las cintas amarillas que alertan sobre el peligro, dicen que no saben género ni edad de los fallecidos pero que sí, que sus cuerpos están atrapados allí. Uno de los bomberos que trabaja en la búsqueda de sobrevivientes y que prefirió no identificarse, dijo que en el centro de Portoviejo la mayoría de edificios colapsados eran los más altos de la ciudad: de entre cuatro y ocho pisos.