Valorar más la vida, rotunda lección tras perderse en el cerro Imbabura

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“Valorar más la vida, el agua, el sol, porque nos faltaba agua, el sol no salía. Valorar las cosas sencillas, la comida de la que a veces nos quejamos”, son las lecciones que experimenta Daniel Díaz, luego de la experiencia de permanecer perdido durante más de 24 horas en el cerro Imbabura, junto a su amiga Julia Nassl.
Daniel, quiteño de 21 años, y la alemana Julia Nassl, de 19, salieron el sábado 5 de marzo rumbo al cerro Imbabura, por el lado de la parroquia La Esperanza. “Llegamos a la cumbre del Imbabura y al regreso ya nos confundimos. Nos encontramos con unos chicos que son de Quito, nos estaban guiando nos adelantamos un poco y nos perdimos”.
Al darse cuenta que estaban desaparecidos tomaron contacto con el ECU 9-1-1 y de inmediato se encendió la alerta y empezó la búsqueda.
Daniel es universitario, ayer iniciaba clases en la UDLA . Perdió la tranquilidad, especialmente pensando en la preocupación de sus padres. “Con esto de los chicos que se están perdiendo...”, pero nunca perdió la fe en el rescate.
Julia Nassl reside hace seis meses en Ecuador. Hace siete días llegó a Ibarra. Es voluntaria de un proyecto con refugiados.
“El Imbabura es muy bonito”, dice Julia y recomienda visitar el cerro, pero reflexiona que es necesario tomar en cuenta el tiempo.
Considera que hace falta señalización en la montaña, que sirva de guía a los turistas.
“Tal vez sí regresaría al Imbabura”, solo que con más precaución, precisa la voluntaria.
Los dos jóvenes fueron rescatados ayer por bomberos. La búsqueda también se coordinó con la Cruz Roja de Imbabura y la Policía.
Gabriela Farinango, coordinadora provincial de Gestión de Riesgos de la Cruz Roja de Imbabura, informó que la búsqueda inició el domingo a las 21:00 y se suspendió a las 03:00 de ayer. Continuó a las 05:00 hasta las 08:30, hora en la que encontraron a Daniel y Julia. A las 12:30, en medio de una espesa neblina, bomberos arribaron con las personas rescatadas hasta el sector de la Compañía de Jesús, en San Antonio.
Los rostros de Julia y Daniel reflejaban tranquilidad y cansancio, pero también alivio y, sobre todo agradecimiento. Julia sostenía una flor morada con su mano derecha, la arrancó en el recorrido por el Imbabura, lugar al que algún momento quiere regresar porque nunca olvidará su belleza...