Un accidente les dejó sin padre a seis niñas

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Un accidente les dejó sin padre a seis niñas

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accidentePesar, tristeza y angustia reinan en Salvadora Fernández, quien quedó viuda con seis hijas menores de edad, luego que su esposo Luis Alfonso Díaz murió cuando el camión en el que viajaba cayó a un abismo de unos 800 metros de profundidad en momentos que regresaba a su comunidad.


La casa comunal de Peñaherrera, comunidad perteneciente a la parroquia de Ambuquí, fue el sitio que congregó a los familiares y vecinos de Luis Alfonso Díaz de 40 años,  y Oswaldo Colimba, de 42 años, quienes fallecieron de forma trágica.
Las 136 familias que habitan este lugar muy pobre, que además está azotado por una gran sequía que afecta a la agricultura, se unieron en el velatorio que culminó la mañana del lunes cuando el cortejo fúnebre partió hacia Ambuquí.
Niños y adultos, iniciaron a las 10:00, la caminata con los cadáveres por un camino empedrado en mal estado. Los hombres se turnaron para cargar los ataúdes que fueron donados por Adrián Cárdenas, quien es el presidente del Gobierno Parroquial de Ambuquí. El fuerte sol que hacía sudar a los caminantes obligó a hidratarse con bebidas y agua gaseosas que fueron donadas por los vecinos.
Tres horas y media les llevó recorrer los 12 km, de distancia que hay entre Ambuquí y Peñaherrera. A las 13:30, llegó el cortejo fúnebre a la iglesia parroquial donde se desarrolló la ceremonia religiosa. Una vez concluida la misa de las honras fúnebres, el cortejo partió hacia el cementerio donde 9 personas en la mañana cavaron las tumbas que tenían dos por dos metros.
En medio el dolor de los familiares los cadáveres fueron colocados en el fondo de la fosa, que fue cubierta con tierra que estaba mesclada con piedras, ya que en ese sitio hay canteras de piedra.

 

PESAR Y DOLOR
Mientras los cavadores echaban la tierra, que con el viento levantaba una polvareda a las tumbas, Salvadora Fernández, sentada en otra tumba con sus seis hijas, Nidia, de 16; Leonor, de 14; Alba, de 12; Joselyn, de 9; Evelin, de 7 y Emérita, de 5  recibía las condolencias y algunos alimentos.
Entre lágrimas y con voz entrecortada se preguntaba ¿Quién cuidará de nosotras? Y repetía que él era quien las mantenía. Entre sus lamentos, también decía que hasta el tiempo estaba en contra suya, ya que la sequía le ha ocasionado grandes pérdidas en sus cultivos y que prácticamente este año no tendrá cosecha que es vital para alimentar a su familia. Otra preocupación que tiene es que no tiene una vivienda para sus hijas. Donde viven es prestada por un familiar de su fallecido marido con quien convivió durante 16 años.
El sufrimiento también llegó a otro hogar, el de María Arellano, quien también perdió a su esposo Oswaldo Colimba, quien dejó un gran vacío en su familia y en la comunidad. La queja de esta mujer, que tiene tres hijos, era sobre la responsabilidad que debe afrontar a partir de ahora. Además está preocupada por la salud de su hija de 17 años, quien tiene una dolencia.