La vida bajo el semáforo

04:46 765 hits

La vida bajo el semáforo

Ratio:  / 0
MaloBueno 

p29En las esquinas de las avenidas de Ibarra hay personas que trabajan, entre ellos jóvenes y niños, que tienen razones diferentes para laborar en estas zonas, algunos, con estos ingresos, mantienen a sus familias y otros lo hacen para conseguir droga.

Desde las nueve de la mañana los limpia parabrisas y malabaristas inician su trabajo en las calles de la Ciudad Blanca, si llueve no tienen dinero para cubrir sus necesidades básicas.

LA FAMILIA
Juan S. es un extranjero que vive en el país desde hace cinco años, “no tengo otra forma de hacer plata, en la ciudad he buscado en muchos lugares trabajo y en ninguno me dan la mano, me he sentido discriminado”.
Su esposa, al no tener otra fuente de ingreso, realiza la misma actividad que Juan S., pero en los últimos días se ha sentido mal y los ingresos de la familia se han reducido a la mitad. Sus dos hijos son quienes se alimentan de seguro dos veces al día, mientras que ellos hay días que tienen que limitarse a una sola comida.
Lo más duro para ellos no es su trabajo, con el que soportan sol y frío, sino la “humillación”, de las personas que en los autos les sueltan una mala mirada o con gritos quieren demostrar que son “superiores”, “no muchas gracias, sería suficiente, queremos darles un servicio y deben recordar que somos seres humanos”.
Si trabajan 10 horas al día llegan a conseguir entre ocho y 10 dólares, cuando el día no es lluvioso, si “el agua cae”, perdieron el dinero de la jornada de labores.
David H. trabaja en las esquinas de la ciudad desde niño, lo que gana a diario le sirve para su alimentación y para pagar la noche en el hotel donde duerme, pero admite que lo que le sobra lo utiliza para comprar droga y la consume desde los 12 años.

TRABAJO INFANTIL
Hay un segundo grupo de personas que a diario llegan a los semáforos desde los barrios de la zona urbana marginal, son niños y adolescentes que viven en casas abandonadas y entre ellos se protegen y buscan la forma de mantenerse seguros.
Los menores de edad siempre andan en grupo y todo lo que reúnen en el día lo utilizan para alimentarse y para comprar marihuana, cocaína y cemento de contacto, claro la cantidad o el tipo de droga depende de lo que les sobre después de haber adquirido el pan y la cola que es su desayuno, almuerzo y merienda.
La Policía Nacional con el fin de mantener el orden y la seguridad en las calles los retiran de tres a cuatro veces en el día de sus sitios de trabajo, pero los jóvenes, adultos y niños buscan otro sitio o regresan a la misma esquina para continuar sus labores.
“No queremos que nadie nos tenga pena y mucho menos lástima, si quieren colaborarnos al momento que pasan por la esquina estaremos agradecidos, lo que si les pedimos que recuerden que las circunstancias de nuestras vidas han sido distintas, pero merecemos respeto”.