Testimonio: “Todas tenemos la esperanza de salir”

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Testimonio: “Todas tenemos la esperanza de salir”

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trabajadorasIBARRA. “Hemos sido discriminadas, pero no saben por qué estamos aquí. Quienes nos discriminan deben dar gracias a Dios que nacieron en ‘cuna de oro’ y no están pasando por lo que nosotras pasamos”. Este es el testimonio de Liz (nombre protegido), una mujer de 30 años de edad, aproximadamente, que ha vivido los últimos seis dedicándose a la prostitución..

“Estoy reuniendo dinero para ponerme una peluquería”, dice emocionada y con la esperanza de poder salir de este trabajo que la tiene esperando en las esquinas a sus clientes.
De 07:00 a 19:00, Liz, junto a otras 23 mujeres prestan sus servicios como meretrices o trabajadoras sexuales en el sector del Mercado Amazonas.
Entre el diario vivir de una ciudad ajetreada, ellas se pierden en las multitudes en lo que es: su jornada laboral.
Estas mujeres han decidido, desde diciembre pasado, conformar una asociación para poder trabajar en forma legal y con un respaldo. Desde el año pasado se han organizado para establecer ciertas normas que les permitirán trabajar.
Las 24 mujeres cumplen con su carnet de salud actualizado y quieren que se respete su plaza de trabajo.
“Vienen mujeres de otros lugares a trabajar aquí y nos dañan la plaza”, expresaron disgustadas pues aseguran que hace algún tiempo atrás, hasta se dio venta de sustancias ilícitas cerca de lo que es su sector de trabajo.
La presidenta de la asociación de trabajadoras sexuales de Ibarra “Girasoles”, Sandra, indicó que se ha establecido una manera de vestir que no llame la atención de los transeúntes.
“Tenemos nuestra forma de trabajar. Nuestros problemas los resolvemos con el diálogo. Queremos buscar una legalización laboral para poder seguir trabajando”, expresó.

UNA VIDA NORMAL
Liz se quedó viuda cuando su hijo tenía tres meses de edad. Además, ella genera ingresos para su hogar en donde hay una persona con discapacidad.
“Saco adelante a mi familia, pero todas tenemos la esperanza de salir de esto”, manifestó.
Cuando se habla de amor, sus rostros se iluminan.
“Yo vivo una vida normal. Aquí soy una trabajadora sexual, pero en mi ciudad soy una señora”, dice Liz.
Ella tiene su pareja con la que comparte sus alegrías y penas.

¿QUÉ ES LO MÁS DIFÍCIL?
“Acostarse con un hombre borracho”, responden a la pregunta de qué es lo más difícil de su profesión.
Estas mujeres trabajan con los hoteles en donde atienden a sus clientes. Exigen a los propietarios de estos lugares se les respete como mujeres y personas.
“Nuestro trabajo es como cualquier otro”, aseguran.