Seis miembros de una misma familia se suicidaron en distinta época

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suicidiosLos Moreno Torres está marcados por el suicidio. Ellos habitan en Magdalena Alto, en la zona de Íntag, una comunidad encerrada en medio de una verde vegetación y la cristalina agua del río Magdalena que recorre el lugar.  

Los vecinos están preocupados por la fatal determinación que el pasado miércoles 24 de noviembre tomaron tres hermanos de 14,12 y 9 años de edad. Ellos se suicidaron.
Un estrecho camino, mal conservado, rodeado de plantaciones de yuca, plátano, naranjilla, reses en los potreros y flores silvestres, entre ellas orquídeas, se abre paso hacia Magdalena Alto.
En este lugar que está perdido en el mapa, viven 40 familias. Una de ellas, los Toro Moreno. Pedro Moreno y Judith Torres se casaron y procrearon ocho hijos. En 2007, el jefe de este hogar, por razones que hasta hoy no se han determinado, decide acabar con su vida, ingiriendo un plaguicida que utilizaba para fumigar sus plantaciones.
Segundo Tufiño y Guadalupe Moreno, hija de los Moreno Torres, contrajeron matrimonio. Durante su convivencia, marcada por inconvenientes y discusiones, procrearon tres hijos, Evelin, Edwin y Consuelo.
En 2011 la crisis matrimonial se ahonda y se separan.
La situación no fue asimilada por Segundo, quien un día cuando la madre de sus hijos se encaminaba hacia su vivienda, tras interceptarla la apuñaló y mató. Una vez consumado el crimen, él también se clavó una puñalada en el corazón y se autoeliminó.
Tras cuatro años sin funerales, la cadena que ligaba fatalmente el apellido familiar con el suicidio, parecía haberse roto.
El 1 de octubre de 2015, Mónica, la última hija de los Moreno Torres, según cuentan por problemas sentimentales, decide acabar con su vida ingiriendo veneno.
A los 24 días de la tragedia y dolor que les causó esta decisión, la adversidad nuevamente envuelve a la familia.
Esta vez, los tres nietos de 14, 12 y 9 años de los Moreno Torres, hijos de Segundo y Guadalupe, el mismo día ingieren veneno y acaban con su vida. Era el quinto suicidio en casa.
Los tres hermanos Tufiño Moreno quedaron huérfanos. Por la situación económica, los abuelos, tanto materno y paterno no se hacen cargo de los pequeños, que en aquel entonces tenían, 9, 7 y 4 años.
Marcelo Tufiño, tío paterno y su esposa Amada Vargas decidieron tomar a los chicos y criarlos.
La casa de dos pisos, construida de madera y techo de zinc, a la vera del camino que conduce a Brilla Sol, fue el hogar de los hermanos. Por cuatro años encontraron amor y cuidado, dice Amada, con voz temblorosa, quien todavía tiene su rostro pálido y demacrado.
Las familias vecinas no salen del asombro ante este fenómeno, para el cual demandan atención de las autoridades del Ministerio de Salud Pública, con charlas y atención especial a quienes han sufrido esta traumática experiencia.
Ese día, como de costumbre, los chicos llegaron de la escuela. El pedido de siempre de Amada era que hicieran los deberes. Ella lavaba ropa en la lavandería, alejada de los cuartos.
Los hermanos, aparentemente inducidos por su hermana mayor, tomaron en una taza la pócima letal que estaba guardada en un cuarto a unos cinco metros de la casa principal donde tenían herramientas. El escenario para cometer la fatalidad fue un cuarto de cuatro metros cuadrados, que está en el primer piso de la casa que en unos lados tiene un color turquesa.   A dos primos de los hermanos Tufiño Moreno que acababan de llegar a casa les llamó la atención el olor a veneno que se respiraba en la casa, que empezaron a buscar de dónde provenía. Éste emanaba de la bodega que estaba asegurada por las dos entradas que tiene la habitación. Tras forcejear lograron abrir una de las puertas y encontraron a los chicos sin vida.
Los vecinos de Magdalena Alto, Brilla Sol, Paraíso, Chontal y Magdalena Bajo acompañaron a la velación y luego al entierro de los cuerpos de los tres hermanos.
Rodeado de matas de plátano y otros arbustos, en una ladera está el cementerio, hay aproximadamente unas 40 tumbas. En varias de ellas sus deudos plantaron árboles que tienen hojas de color lila, como señal de que ahí está enterrado alguien.
Pero el descuido y desorden es evidente en este espacio, donde descansan los restos de los seis integrantes de la familia Moreno Torres, que está marcada por el horror de suicidio y el horror del asesinato.

 

CRITERIO PROFESIONAL
El suicidio ocupa un lugar entre las primeras 10 causas de muerte en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud.
Se considera que cada día se suicidan en el mundo al menos 1 110 personas y lo intentan cientos de miles, independientemente de la geografía, cultura, etnia, religión, posición socioeconómica, etcétera.
La psicológa clínica, Cecilia Benavides, menciona que en el tema del suicidio   existen muchos factores que pueden insidir para que una persona tome esta decisión. Aclaró que el suicidio no tiene orígenes genéticos. Hay una predisposición, es decir que en algún momento se puede activar.
Puede ser todo lo relacionado a lo que se llama un trastorno mental como son las depresiones mayores, principios de esquisofrenia.
El comportamiento suicida es un continuo que va desde la ideación en sus diferentes expresiones, pasando por las amenazas, los gestos e intentos, hasta el suicidio propiamente dicho. La presencia de cualquiera de estos indicadores (ideas, amenazas, gestos e intentos) debe considerarse como un signo de alto riesgo en el individuo que los presenta.  
Para prevenir el intento y el suicidio consumado, es primordial conocer los factores de riesgo, que son aquellos que los predisponen. Ante todo hay que considerar que estos rasgos son individuales, pues lo que para algunos es un elemento de riesgo, para otros no representa problema alguno. Además de individuales son generacionales, ya que los factores en la niñez pueden no serlo en la adultez o en la vejez.  Por otra parte, son genéricos, pues los de la mujer no son similares a los de los hombres. Existen los que son comunes a cualquier edad y sexo, los cuales, indudablemente, son los más importantes. La infancia se considera, en general, como una etapa de la vida feliz, en la que la conducta suicida no puede estar presente.