15 grupos de jóvenes operan en Imbabura

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15 grupos de jóvenes operan en Imbabura

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pag-31Desde que tenía ocho años, Carlos (nombre ficticio), empezó a recorrer el mundo de las pandillas en Ecuador y fuera del país, el motivo de pertenecer a uno de estos grandes grupos, es por el hogar disfuncional que se tiene con la familia.

“Una persona quiere tener libertad sin tener el control de nadie, y a veces la curiosidad te lleva a esto”. Carlos era rebelde y malcriado, siempre le hizo falta el lado paterno de la familia, “mi mamá fue la mejor del mundo, nunca puedo hablar mal de ella”, se agarró de lo malo para salir a las calles, comenta. Desde niño, le despertó la curiosidad de saber qué hacen las personas reunidas en una esquina del lugar donde vivía, “me llamaban para que me acerque donde ellos, eran personas mayores”. Carlos debía hacer lo que estas personas le ordenaban, si no lo hacía, “te cascaban o te incentivaban dándote algo”. Es el único que sobrevivió de la banda en la que pertenecía. Estuvo recorriendo varias bandas dentro y fuera del país, a los 12 años vivió en Colombia, en donde tomó escuela. En ese ambiente, donde está la delincuencia, él se fue formando poco a poco hasta tener el respeto de los demás. ¿Por qué hay pandillas? según Carlos, por los bajos recursos económicos dentro de la familia y porque existe mucho consentimiento. Siempre hay una ideología que se debe hacer para ingresar, “nosotros tenemos este grupo porque queremos dar progreso y entendemos a los jóvenes”, esta frase es la que la mayoría de estos grupos utilizan para que el joven se involucre a uno de ellos, que a veces buscan enfocarse al bien y otros no, en donde hay un gobierno (poder). Algunos, dentro de las pandillas tienen la intención de hacer buenas cosas, pero lamentablemente hay personas que no están de acuerdo con esto. “Se quieren enriquecer a costillas de los demás”. A Carlos, su madre lo encerró en un centro de rehabilitación, “era una persona desadaptada”. Fumaba sin importar el lugar donde se encontraba, 99 veces estuvo preso, entraba y salía, la mayoría de veces por el alto consumo de droga, “quería cambiar, hubo algo en mí que no me dejaba, yo lloraba”. REHABILITACIÓN En el centro estuvo ocho meses, “me trataron como un animal, que me sirvió”. Carlos era de las personas que le gustaba sentir dolor, “me dejé torturar tres meses, no quería derrotarme, siempre era el hombre duro, que nunca botaba una lágrima. APOYO Carlos cuenta que tuvo un acercamiento espiritual que le ayudó a darse cuenta de la realidad. Estuvo en las pandillas 18 años; hace diez años cambió su modo de ver la vida; hoy tiene su trabajo y asiste a una iglesia. El Sargento de la Dinapen, Darwin Vallejos, explica que en Imbabura existen 15 grupos de jóvenes que se dedican a “molestar”, que de esos, cuatro grupos son pandilleros.