El argentino con los pies en la tierra que busca llegar a Marte con su robot

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brunoBuenos Aires (EFE).- Con 20 años el joven universitario argentino Marcos Bruno ha logrado lo que muchos científicos no consiguen con 40: probar su robot en la base de investigación científica de la Mars Society en Estados Unidos, algo que con paciencia y humildad sueña hacer algún día en territorio marciano.

"El robot es de tipo 'rover', que en la jerga significa que tiene cuatro ruedas, además dispone de una grúa capaz de instalar instrumental en la superficie", dijo en diálogo con Efe Bruno, alumno de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), ubicada en la provincia de Mendoza (oeste).

En mayo de 2015, este estudiante de ingeniería mecatrónica, que une mecánica, electrónica e informática, presentó su proyecto, un robot de "transporte e instalación de cargas livianas", como lo describió, a The Mars Society, asociación estadounidense encargada de la investigación científica de Marte.

Es así que en diciembre de ese año recibió la noticia de que su proyecto había sido seleccionado para probarlo en la base científica que la asociación tiene en Utah, la Mars Desert Research Station Investigación.

"Es una locura, una simulación exacta de lo que sería la vida en Marte. Tenés que seguir todo el protocolo como si realmente estuvieras allí, comidas, trajes espaciales... llegás a un nivel de aislamiento en el que ya no sabés qué es real o normal", afirma Bruno sobre la denominada Base 6.

Se trata de un centro de investigación asociado a la NASA que trabaja desde el desierto para recrear la vida tal cual sería en el planeta rojo, y que sirvió como escenario para las pruebas de los proyectos de los siete sudamericanos seleccionados este año por The Mars Society, de los que Marcos Bruno fue el único argentino.

Pero la pregunta del millón es para qué sirve el robot que tantas alegrías le está dando.

Según relata el joven, en las estaciones espaciales hay unos cubículos conectados alrededor de la base de las mismas, por lo que en caso de extravío o rotura de alguno, el robot los sustituiría o repararía porque "su mecanismo soporta las extremas condiciones climatológicas del planeta, como las tormentas de arena", aclaró.

"Se podría decir que es algo que le hubiera hecho falta al protagonista de la película 'The Martian' (filme en el que Matt Damon debe sobrevivir en Marte tras un accidente en su estación espacial), porque se puede utilizar tanto para reparar algo material como para ayudar en la búsqueda de astronautas extraviados", recalcó.

Una vez salió del centro de investigación de Utah, el mendocino contó que fue a la estación de servicio de una gasolinera y se le hizo "extraño" volver a ver a gente e interactuar con ellos.

"Uno se termina acostumbrado a ese aislamiento con los compañeros", confiesa.

De vuelta a Argentina, a Bruno solo le resta presentar el proyecto de su robot en un escrito que publicará la Mars Society en "uno o dos meses", narrando "el procedimiento y la mecánica" del invento, así como su experiencia durante todo el proceso.

Descendiente de españoles, el talentoso estudiante bromea con que si bien hoy por hoy no ha pensado en que su robot viaje a Marte, sí se podría dar "para el 2030", siempre y cuando "las agencias con capital se interesen por ello".

Con constancia y coraje, el universitario destaca la ayuda que recibió de su amigo Gabriel Caballero, un estudiante de electrónica que colabora en sus proyectos.

Por si fuera poco, también está volcado en ayudar a difundir un proyecto de la Universidad de Stanford, un microscopio que tiene un "fin social".

La idea es que personas de "cualquier condición social" puedan acceder más fácilmente a la investigación científica, por lo que la iniciativa busca poder venderlo al precio simbólico de un dólar.

"Mi idea es que llegue a manos de la gente, me di cuenta de que los grandes logros científicos siempre los habían conseguido gente con recursos económicos y quiero cambiar eso", dijo el prematuro científico, convencido de que sus planes pasan por "mejorar la vida" de las personas. EFE