Colombia recibe el histórico cese del fuego entre pasividad y expectativa

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colombiaBOGOTÁ (EFE).- Colombia vivió este jueves 23 de junio una jornada histórica, en la que se selló el acuerdo para el cese del fuego definitivo entre el Gobierno y las FARC, pese a lo cual los ciudadanos del país hicieron una jornada normal y solo unos pocos se concentraron en las diferentes ciudades con gran expectativa.

Diferentes asociaciones civiles y políticas convocaron a los ciudadanos para que acudieran a sus puestos de trabajo y las distintas concentraciones con camisetas blancas, aprovechando también la nueva camiseta de la selección de fútbol que viste de ese color.

Sin embargo, era difícil encontrar a ciudadanos así vestidos y los colombianos acudieron a sus puestos de trabajo como si fuese un día más, escuchaban música en los autobuses y era difícil encontrar algún televisor o emisora conectada con la transmisión del acto en el que se firmaron los acuerdos.

Contrastó el ambiente con el que se registró solo un día antes, cuando Colombia disputó las semifinales de la Copa América con Chile y el país se llenó de banderas y se paralizó siguiendo los prolegómenos del encuentro.

El centro de Bogotá fue el principal punto de encuentro de quienes salieron a las calles a festejar convocados por partidos de izquierda y movimientos sociales que se concentraron alrededor de pantallas en las que se retransmitió en vivo la firma encabezada por el presidente Juan Manuel Santos y por el líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias "Timochenko".

"El día de hoy es muy importante, venimos a ratificar compromisos con la paz. El cese bilateral al fuego que hoy se firma ha sido una consigna histórica del pueblo colombiano y es una necesidad", dijo a Efe Óscar Correa, uno de los que acudió a la convocatoria.

Los asistentes se dividieron en dos puntos, algunos acudieron a la céntrica Plaza de Bolívar de Bogotá donde había conciertos de música popular preparados, mientras que otros, convocados por los partidos de izquierda, se concentraron a unos metros, frente al punto en el que fue asesinado en 1948 el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Correa comentó que el conflicto y "las balaceras" afectan a la población civil "más allá de los combatientes" y consideró que el silencio de los fusiles "es el inicio de un momento de apertura democrática".

Mientras unas 2.000 personas miraban las pantallas en los dos puntos, los ciudadanos acudían a sus puestos de trabajo en el centro y alguno mostraba su contrariedad con el proceso de paz frente a la numerosa presencia de los medios.

Los asistentes optaron por hacer una pequeña ceremonia litúrgica y, en un acto festivo, cantaron "Colombia tierra querida" y festejaron el "último bombardeo" con globos, conocidos en Colombia como "bombas" mientras sonaba la icónica canción de King África.

Entre los asistentes había banderas de diferentes formaciones de izquierdas como el Partido Comunista Colombiano (PCC), el Polo Democrático Alternativo (PDA) o la Unión Patriótica (UP), que convivían con las del movimiento cívico "Por Colombia sí" que a lo largo de la mañana puso decenas de coronas fúnebres ante monumentos públicos para despedir al conflicto.

"Este es un día emocionante, tengo 45 años, mi hijo 26, los dos crecimos en un país en guerra y se firma el final de un proceso de paz, lo que significa que mis nietos van a crecer en un país distinto", dijo Elizabeth Castillo.

Esta mujer, que acudió con una bandera arcoíris del movimiento LGTB, señaló que la paz "beneficia a todo el país".

"Que no haya tomas guerrilleras, secuestros, que no haya esta historia dolorosa de violencia que hemos tenido que vivir en el país por 50 años es una excelente noticia y eso me convoca a estar aquí", agregó.

Cuando comenzó la transmisión del acto la tensión y la emoción entre los asistentes se incrementó e intercambiaron abrazos, besos y lágrimas cuando el acuerdo fue firmado en La Habana.

Todo ello en "un día maravilloso" y esperado con "ansiedad" para quienes han sufrido "toda esta cantidad de tiempo de guerra", señaló Benjamín Urrea, de 65 años y periodista jubilado.

"He trabajado toda la vida en medios, uno tiene que estar a cada rato anunciando masacres y muertes", señaló.

Por ello, entre los asistentes era imposible no pensar en el mañana, una Colombia en paz después de varias generaciones: "la imagino con niños sonrientes", concluyó Urrea.