La miseria les obligó a huir para prostituirse

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La miseria les obligó a huir para prostituirse

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Ibarra.- Con una licenciatura en Contabilidad y hablando cuatro idiomas llegó “Silvana”, nombre protegido, al Ecuador. Su viaje desde Santa Elena de Uairén, frontera entre Venezuela y Brasil no fue fácil, lo hizo en solitario y sorteando toda clase de obstáculos en el camino.

La mujer de 31 años había escuchado hablar de Ibarra y de las oportunidades de empleo de esta ciudad, sin embargo, cuando llegó todo el panorama fue desalentador.

Empezó a trabajar en un restaurante nueve horas diarias con un sueldo de cinco dólares, que le parecía una humillación, a pesar de ello, laboró durante un mes y el dinero lo enviaba a su familia.

‘Nuevo empleo’. En el restaurante conoció mucha gente y se enteró del buen dinero que podía ganar en un centro de tolerancia. No dudó, tomó sus pertenencias y llegó al norte de Ibarra. Sin conocer a nadie golpeó la puerta y obtuvo el ‘trabajo’ de inmediato.

Su delicado rostro, esbelta figura y educación, le ayudaron a ser aceptada. Para ella este mundo es totalmente nuevo, pero la necesidad de su familia y responsabilidad con sus dos hijos (uno de ellos con autismo), le ayudaron a acostumbrarse.

La vida de “Silvana” no ha sido fácil, cuenta que en su pueblo los hijos de una mujer indígena, son dados en adopción y a los siete años fue entregada a su nueva familia porque su mamá era indígena y su padre portugués.

Situación. La mujer lleva en el sitio cerca de cinco meses y asegura que le gusta Ibarra.

“El trabajo es bueno, se gana dependiendo la atención de la chica, a algunas no se les hace fácil y no tienen muchos clientes. Esto es lo más rápido para tener dinero y poder responder en la casa con la familia”, dijo.

La mujer comentó que empiezan su jornada a las 16:00, pero todo tiene reglas y disciplina y si les llaman a reuniones tienen que estar puntuales.

“Mis hermanas están en Venezuela, mi mamá en Manaos, Brasil y mis hijos en Trinidad y Tobago, porque viven con su papá. Aquí los clientes vienen, hacen lo que tienen que hacer y se van, de la mayoría no se sabe ni el nombre. Cuando mejor nos va ganamos 200 dólares diarios, afirma.

Labor social. La mujer cuenta que cuando tiene libre se va a Cotacachi a repartir panes y frutas a los adultos mayores que encuentra mendigando en las calles. Señala que los productos los compra con el dinero que se gana como propina.

“Hay que tener conciencia, son personas muy maduras y no tienen nada, estan botados en la calle. Aquí no se ve adolescentes en la calle drogándose, pero la mendicidad es una situación muy triste. Cada negocio debe contribuir en algo con las personas en situación de vulnerabilidad”, finaliza mientras se prepara para ir a desayunar.

Desde Colombia. Un tatuaje con la palabra fe en el pecho es la marca más clara de lo que “Cinthya”, nombre protegido, tiene en su vida.Su creencia en Dios le ayuda todos los días a estar bien.

La mujer de contextura delgada y estatura baja es una de las trabajadoras sexuales más ‘nuevas’ en el mismo local que trabaja “Silvana”. Llegó desde Colombia hace poco más de una semana y asegura que su vida no es fácil, pero la necesidad de su familia le ayuda a ponerse de pie todos los días. 

“Soy de Palmira, Ibarra es una ciudad muy acogedora, linda y tranquila. Lo único que quiero es hacer dólares y ayudar a mi familia que está cuidando a mi hijo de un año, fue díficil dejarlo, pero la necesidad es grande”, sostiene la mujer de 23 años. Asegura que es difícil trabajar en eso, y que no estaba acostumbrada, pero hasta ahora le ha ido bien.

“Mi familia piensa que trabajo como mesera, nadie sabe que me prostituyo. Todas somos muy unidas porque sabemos lo duro que es estar acá, nadie está aquí porque le gusta. Hay clientes gentiles, mi primera experiencia fue muy dura, pero me mentalicé que es por algo que quiero cumplir, por mi familia que dejé atrás, por mi mamá y mi hijo”, menciona.

Elegida como reina. El calor en el local es insoportable, las mujeres, en su gran mayoría jóvenes, buscan con qué darse aire a los rostros. Todas lucen cansadas y con caras de sueño, pero el hecho de dormir hasta las 11:00 todos los días, les ayuda a sobreponerse.

“Camila”, nombre protegido, no es tan abierta al hablar del tema como sus amigas. La joven, oriunda de Caracas, Venezuela, luce como de 15 años, sin embargo afirma tener de 19. Llegó hace un mes al sitio y dejó su tierra natal junto a una amiga, quién también trabaja con ella.

La joven fue elegida como la reina del local, pero en su rostro y semblante se nota que no se siente muy a gusto con su forma de ganar dinero. Antes trabajaba en un banco.

“La situación en Venezuela está peor que antes, no tengo hijos pero dejé a mi familia, mi hermana viajó a trabajar a Corea, pero no sé en qué. Ellos no saben que me dedico a esto, les dije que estaba trabajando en un restaurante”, comenta con notable vergüenza.
Dice que le costó acostumbrarse, ya que a ninguna mujer le gusta trabajar en esto.

“Si mi país no estuviera en crisis yo no estuviera aquí. Me gusta Ecuador, las personas son agradables y amables. Esto no le desearía a ninguna mujer, solo quiero hacer dinero para mi familia y luego volver. Algún día ese Venezuela tiene que arreglarse, no se puede quedar así”, agrega la joven delgada mientras se retira a su dormitorio con cierta nostalgia.

Cifras

60

Mujeres

Entre colombianas y venezolanas laboran en el sitio de tolerancia que acudió este medio.

45

Trabajadoras

Sexuales han optado por vivir en el mismo lugar. El resto habitan, en su mayoría, en los barrios aledaños.

Importante...

Costo por el servicio

La “ficha”, nombre que utilizan en estos sitios, cuesta 10 dólares, de los cuales 8 son para las trabajadoras y 2 para el local.

Días de descanso

Las mujeres cuentan con un día libre a la semana, pero pueden salir sin inconvenientes el momento que necesiten.

Salud y Salubridad

Obligatoriamente deben hacerse los controles de salud con frecuencia, si tienen alguna enfermedad, no puede laborar.

Una joven al mando

La administradora del local que visitó diario EL NORTE tiene 26 años y es oriunda de Medellín. Llegó hace cuatro años y trabajó antes en Quito.

Atención

Los sitios están abiertos de lunes a jueves de 16:00 a 00:00 y de viernes a sábado de 16:00 a 02:00. En ninguno se permite la entrada a menores de edad.

Sabías que...

Además de las mujeres que laboran en los centros de tolerancia, existen otras que se encuentran en las calles de Ibarra durante todo el día. Para ellas trabajar en los locales no es “tan rentable”, por el porcentaje que tienen que entregar a los administradores de los centros. Sin embargo el factor económico no es todo, ya que se encuentran expuestas a toda clase de peligros y abusos. Muchas extranjeras también deambulan en las calles de Ibarra buscando en la prostitución una salida a la crisis.