Los científicos se forman desde la niñez en Ibarra

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Los científicos se forman desde la niñez en Ibarra

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Ibarra. Los padres forman a los niños desde la casa. En la escuela, los maestros son los encargados de que el niño o niña desarrolle sus habilidades leyendo, escribiendo y estudiando.


Los años pasan y con ello la tecnología crece cada vez más rápido, la educación es diferente, los niños y adolescentes de ahora viven en un mundo rodeado de ciencia, en donde ellos son los protagonistas para investigar, inventar e innovar.
En el año 2000 ¿quién imaginó que el estudio iba a cambiar? que los grandes no eran los únicos que podían inventar cosas, ahora los más pequeños también lo hacen. La mayoría de ellos saben más que los adultos.
Ismael Cevallos tiene 10 años de edad y hace un año aprendió sobre la ingeniería (cómo armar un robot, cómo innovar). Este pequeño pertenece al curso de desarrollo tecnológico Wimken.
Mientras trabaja en su laptop con cables conectados a ella, cuenta que desde más pequeño le gustaba desarmar cosas. Uno de los motivos que lo llevó a forma parte de este centro. “Me gusta armar la parte electrónica y programar”. Ismael sonríe y dice que quiere ser un gran científico. Viajó a Colombia para presentar un robot que él armó con lego, lo programó y habló sobre las fases electrónicas.
Andrés De La Cadena es gerente general del Centro de Desarrollo Tecnológico Wimken, su significado es wim: gozo, felicidad y luz; y ken: inteligencia “En cierta época de mi vida necesitaba estar en una revolución de cambio interno y poder plasmarlo en beneficio de los demás”.
Desde pequeño, una de sus mayores pasiones fue descubrir y desarmar juguetes, es por eso que Andrés creó este centro hace dos años, que tiene como finalidad dar un cambio en la educación; dar servicio para que los niños puedan explorar la parte educativa, descubrir y aprender jugando.
En Wimken hay dos fases principales: explorar la fase creativa trabajando con lego, que ayuda a la creatividad, razonamiento lógico, abstracto y al análisis. La otra fase es la electrónica, en donde los niños deben crear sus inventos y armar.
Andrés cuenta que Ismael cumplirá dos años en el centro. “Crea cosas y llega a ciertos niveles de ingeniería que estudiantes mayores no logran hacerlo. Él hace placas electrónicas, las diseña; hace todo el proceso de manufactura, que es perforar; hace el planchado, que es la impresión. Me siento a gusto que pueda entenderlo”.
La frase común que escucha Andrés, de 32 años, cuando llegan personas de 25, 27, 28 años de edad a su centro, es: ‘si hubiera existido esto en mi época…’ “Si estas herramientas hubieran estado cuando teníamos 4, 5 o 6 años, el país creo que tuviera otra perspectiva, no de copiar o imitar, sino de crear”.
El centro cuenta con tres niños más por la tarde. Isaac Taramuel es uno de ellos, tiene 11 años y en su rostro se dibuja una sonrisa cuando juega con los legos e intenta armar un robot.
“Siempre he querido hacer un robot”. Isaac tiene la idea de presentar un prototipo con herramientas metálicas y armar un carro de fórmula 1.
Esteban Terán es compañero de Isaac e Ismael en el centro, tiene 12 años. “Me gusta mucho la robótica y quisiera algún día hacer algo muy grande como un dron”, cuenta Esteban mientras modifica un robot para adornarlo y controlarlo con su Smartphone.
Al curso asisten niños desde los cinco años. Mateo Miño tiene 6 y comparte el aula con Ismael, Isaac y Esteban, intenta armar un robot con lego. “Los robot me gustan y quisiera ser profesor de robótica”, dice el pequeño de pocas palabras y con su rostro serio.
“El mundo ya privilegia el razonamiento y no solo el manejo de la información, hemos pasado a la sociedad del conocimiento.
La educación tiene que favorecer las estructuras de la mente que genera el estudio.
Antes se privilegiaba la memoria que generaba transmisión de datos, la memoria es de corta duración y lo que se aprendía era vía enseñanza y no vía descubrimiento, por eso nos hemos olvidado las cosas que aprendimos”, explica Galo Almeida, fundador y rector de la institución ‘Fundación Educativa Ibarra’.
“En la práctica fuimos a la escuela, al colegio y a la universidad, y solo en  la vida diaria tuvimos que aprender, pero equivocándonos mucho. Esta institución es un prototipo de escuela inteligente que busca poner en práctica lo que hoy pide la Constitución y la ley de Educación, que no sea una acumulación de saberes, sino producción de conocimiento propio, a partir de potenciar las capacidades de la mente de los niños”.
Almeida indica que lo que es capaz en el ser humano está en el cerebro. El objetivo de su escuela es dar una educación nueva y de calidad con criterios más avanzados, con bases científicas, en cómo es el niño y no cómo hay que tratarle en enseñanza.
Mientras explica sus conocimientos, Galo hace referencia al Monseñor Leonidas Proaño, ilustre obispo ibarreño, quien decía:
“Es indispensable que la educación deje de ser una simple domesticación y pase a hacer una verdadera promoción del ser humano.
La educación imperante en el ecuador es domesticante, repetitiva, no es productiva. Repite lo que ha recibido pero no produce casi nada, la nueva educación busca ser productiva, potenciar al máximo la capacidad del ser humano”.
Almeida dice que los valores no se enseñan como antes, hoy los valores deben ser descubiertos mediante razonamientos.
“Si queremos lograr una sociedad más formada, más preparada para el buen vivir, tenemos que cultivar la inteligencia y la creatividad. Antes los niños eran sujetos moldeables y la mente domesticable, hoy la concepción de la psicología determina que cada persona es irrepetible desde niño”.