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Al haber participado en el ya histórico V Encuentro Sacerdotal en Portoviejo, donde asistimos casi trecientos sacerdotes de la iglesia ecuatoriana, allí tuvimos las importantes reflexiones en torno a la identidad y misión de los sacerdotes en la sociedad actual, donde estamos llamados a evangelizar con gran ardor, nuevos métodos y expresiones en el Año de la Fe a iniciarse en el mes de octubre próximo. Con diferentes talleres se sacaron valiosas conclusiones para vivir como Iglesia, nuevos compromisos a nivel personal, diocesano y nacional. Motivados del llamado de Jesús quien dice: El Espíritu del Señor, está sobre mí, por lo cual me ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anuncia la redención a los cautivo y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para promulgar el año de gracia del Señor. San Pablo nos recuerda en una de sus cartas que como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Enseñaos con la verdadera sabiduría, animaos unos a otros con Salmos.En nuestra diócesis de Ibarra se ha preparado a sacerdotes, religiosos y laicos para realizar la misión diocesana con los temas del manual misionero. El discípulo tiene entonces la responsabilidad ineludible de trabajar para el Reino colaborando en la formación de nuevos discípulos. El discípulo está llamado a constituirse en servidor fiel y prudente que se alimenta de la Palabra y se prepara, al mismo tiempo, y distribuye su trabajo en la misión en las familias, comunidades y parroquias. El pasado jueves 9 de agosto en una solemne procesión y misa en la hermosa catedral de Portoviejo y acompañados de la imagen de la virgen de la Merced, los delegados de las diócesis recibimos un signo para la gran misión. Acompañados de Monseñor Raúl Vela Cardenal del Ecuador y la presencia de 17 obispos, compartimos en este cenáculo eclesial de renovación y motivación sacerdotal, llamados por Cristo a comunicar el divino mensaje de la salvación a todos los grupos y etnias que conforman nuestra Iglesia misionera en el Ecuador. Esta tierra ecuatoriana es tan bella y acogedora, las montañas y las playas son himno al creador; pero nada más preciso que el rostro y la mirada de María nuestra madre celestial.
P. Mauro Aguirre T.
Especial para diario EL norte