Carlos se casó a los noventa años

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Carlos se casó a los noventa años

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p4-5COTACACHI. Carlos Eduardo Flores, de 90 años y Gloria María Gómez, de 47, decidieron unir su amor en la iglesia  San Vicente de Quiroga, ante los ojos de Dios.  

 
En una mañana fría en la parroquia Quiroga, de Cotacachi, los hijos, nietos, bisnietos, sobrinos, primos y amigos de esta pareja llegaron hasta el parque central mientras esperaban la presencia de los novios.
Cuando el reloj marcaba las 10:00, antes de que se abrieran las puertas de la iglesia, la primera persona en llegar fue el primo de Gloria, Luis Gómez con su esposa, Fany Terán, y su hija, Janeth Gómez.
Luis, el primo de la novia, fue el encargado de animar la misa con su hija Janeth. Luego de estacionar el auto gris en el que llegaron, sacó un parlante y lo llevó hasta la primera fila de los asientos de la iglesia para organizarse con Janeth.
Cuando se abrieron las puertas de la iglesia a las 10:30, los invitados empezaron a entrar y se ubicaron en las dos primeras filas.
Era un evento con asistencia de pocas personas, familiar, y de dos, tres, cuatro amigos.
Eran las 11:00 cuando Carlos Eduardo, el novio, llegó hasta la catedral con su hijo mayor Germán Flores, de 65 años.
Germán bajó del auto ayudando a su padre de la mano, mientras que Joselo Barahona, yerno de Carlos, lo agarró del otro brazo   acompañándolo hasta el altar.
Carlos es un hombre viudo de 90 años, con honradez y con la frente limpia, así lo describe su hijo Germán.
Hace 19 años conoció a Gloria, con quien ahora está casado por la iglesia. Fueron vecinos de barrio.  
Carlos quedó viudo y Gloria era una mujer divorciada. Fue cuando eligieron casarse por el civil. Ambos tienen dos hijas, Naila Flores, de 16 años, y Fany Flores, de 18.

 

EL ALTAR
Carlitos, como lo llaman sus amigas, llegó al altar vestido con un terno de tela azul oscuro, debajo de este, una camisa blanca y zapatos café. Llevaba un bastón de color negro en su mano izquierda.
Pero aun así, su hijo Germán y Joselo, su yerno, lo ayudaban a caminar. No podía estar mucho tiempo de pie, es por eso que recibió a la novia sentado, frente al altar, adornado de santos.  

LA ESPERA DEL NOVIO
Carlos esperó cinco segundos a la novia sentado. La pequeña Valentina Barahona, vestida de blanco, con una corona que adornaba su cabello, caminó hasta el altar con un portaanillos y un ramo de flores blancas.
Atrás de Valentina iba Gloria María, la novia, que llegó hasta el altar con Joselo.
Gloria vestía una falda azul oscura hasta la rodilla, zapatos negros, una blusa de tela color beige. Un collar que hacía juego con los aretes adornaba su cuello, su cabello de tono café estaba agarrado con una vincha y las ondas le daban un toque de elegancia.
De estatura pequeña, llegó hasta el altar y se sentó al lado del novio. El padre, William Vaca, empezó la misa agradeciendo. “Nunca es tarde para recibir la bendición de Dios”, dijo.  
La misa duró una hora, Carlos secaba sus lágrimas de emoción con un pañuelo blanco. El padre se acercó donde la pareja, preguntó a ambos si aceptaban amarse y respetarse toda la vida, la respuesta fue: ‘sí, acepto’.
Cuando acabó la misa, la pareja fue hasta su casa con los invitados, ubicada a tres cuadras de la iglesia. El hogar de esta pareja es pequeño, de una planta y con un cerramiento de cemento.
Allí, el hijo mayor del esposo de Gloria hizo el brindis con champán en copas de cristal. “Un sacramento más en presencia de Dios, de la Iglesia, de la fe, que sea para que mi papá tenga buena salud y mucha sabiduría, como siempre lo es, con la honradez y con la frente limpia, gritemos viva el matrimonio, ¡Salud¡
Carlitos, un hombre de pocas palabras, sentado junto a su esposa, dijo con una voz temblorosa: “Me siento como si fuera el último día de mi existencia”.
“Vivíamos en la misma calle, él enviudó y luego se enamoró de mí”, dice entre risas Gloria. Después de 19 años, hoy ya estaban seguros para casarse por la iglesia, cuenta la novia.
Gloria María espera que Dios los bendiga, estar más felices y tener muchos años más de vida.
Fany Flores, de 18 años, hija de esta pareja, se sintió emocionada al ver cómo ha durado el amor de sus padres.
“Mi papá es mayorcito y me siento muy feliz por seguir viéndolos juntos, es una alegría para todos”, expresa Fany. Con una sonrisa en el rostro de Fany, dijo: “Los dos crecieron dentro del ámbito religioso, por eso se sentirán más conformes”.