Categoría: Opinión del Norte Visto: 182
Asu salida del Ecuador, solo lo despidió su familia; durante su presencia en Londres 2012, sede de los deportistas de élite del mundo pasó solo acompañado de su entrenador personal; mientras sus rivales tenían deportólogos, nutricionistas, fisioterapeutas, él tuvo que conseguir que le presten unos zapatos deportivos para la competencia; en su clasificación no estuvo ningún dirigente a su lado y solo en la final le dieron un tratamiento especial: un masaje relajante; pero nada de eso amilanó a Álex Quiñónez, atleta esmeraldeño para convertirse en el séptimo hombre más veloz del mundo. Ahora, a su retorno triunfal al país, le ofrecen toda la atención requerida para convertirlo en el deportista de élite mundial y prepararlo para las Olimpiadas Brasil 2016, un equipo multidisciplinario, ayuda económica para que entrene y compita fuera del país, con el apoyo total del Estado. Álex demostró ayer, a su arribo, que no ha perdido su humildad, sencillez y espontaneidad y que refleja a ese Ecuador profundo que vence a la adversidad. Aprendamos de su ejemplo.