Ángela Bonilla, Miss Global, llegó a su tierra

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urcuquiURCUQUÍ. Ángela Bonilla llegó el viernes 01 de octubre, de madrugada, a Quito, luego de un largo viaje desde Filipinas.

Llegó. Fue a casa. Recibió los abrazos de Germania Zapata, su madre, que la esperaba para decirle cuán feliz la hizo al conocer la noticia.

Pero Ángela es incansable. A sus 24 años todavía se considera chiquita, chiquita en el sentido de que aún hace niñerías, en el sentido de que aún hace cosas infantiles, aunque en realidad es una mujer mujer.


Mujer mujer porque muestra su carácter fuerte, persistente, decidido.
Y es ese carácter el que la ha llevado donde está. Porque decidida y todo, persistente y todo, fuerte y todo, nada de lo que le ha resultado bien ha sido por suerte ni por casualidad, sino después de un trabajo intenso, después de imponerse a sí misma una meta, después de fracasar y no caer.


Ángela Bonilla es una ranita sorda: todo el mundo le dice que ya no, que ya no siga, que hasta ahí estuvo bien, pero la ranita sorda escucha otras cosas, como por ejemplo que se levante, que siga, que no pare hasta ganar.


Es valiente. Sus ojos me miran directamente cuando me cuenta que en el 2015 no pudo ganar un concurso internacional y alguien le sugirió que “colgara las pestañas”, como los futbolistas un día cuelgan sus botines o los boxeadores cuelgan sus guantes.


Ella no. Porque tiene mentalidad ganadora.

Porque aunque no fuera bella se siente muy bella, un ser humano muy bello, y ese sentirse así la hizo ganar en Filipinas y mientras escuchaba que el público no gritaba “Ángela, Ángela” sino “Ecuador, Ecuador”, ella se supo Ecuador.


Y ganó. Y es la primera latina que triunfa en el Miss Global 2016, un concurso mundial, el único, que acepta a madres solteras y cuyo límite de edad son los 36 años.


Ángela pasó muchos avatares en su vida, como aquel que recuerda mucho, el día que ella tenía cinco años y sus padres decidieron llevarla a vivir a Quito porque en Urcuquí no había trabajo.

Saltan, despacio, unas lagrimitas. Salta el recuerdo de una de las personas que más ama, su abuelita Neli que aún vive en una casita humilde en Urcuquí.

Estudia inglés y quiere completar sus conocimientos del idioma mientras trabaja en Quito como maquilladora en bodas, cumpleaños, primeras comuniones.

Pero nada bloquea sus metas. Cuando salió al escenario para que el jurado la calificara pensó que no tenía el mejor cuerpo entre las participantes, algunas de ellas hermosísimas y casi perfectas.

Pero Ángela es decidida. Y lo cuenta así: “No tenía otra opción. Ganar o ganar. Y entonces salí al escenaro y caminé como si tuviera el mejor cuerpo del mundo”.

Y hoy es Miss Global 2016.

“Estoy muy orgullosa por la corona que mi nieta obtuvo para Ecuador”, menciona Nélida Oliva Espinosa Ruales, abuela materna de Ángela Bonilla, quien el pasado fin de semana ganó el certamen de Miss Global que se realizó en Filipinas.

La Reina Mundial, nació en el barrio Santa Rosa de San Miguel de Urcuquí. Para llegar a la casa de doña Nélida Espinosa, hay que atravesar un angosto camino de tierra, que está en medio de terrenos cubiertos de matas de fréjol que están naciendo y otros en rastrojo. Por un terreno poblado de plantas de maíz, aparece la figura de la abuela materna de la Miss Global, quien no olvida su tierra que la vio nacer.

En medio de una plantación de maíz está la vivienda de una planta donde vive esta mujer de amplia sonrisa y amabilidad única. La emoción se dibuja en su semblante cuando habla de su nieta.

El día del concurso estaba en Quito, en casa de Germania Zapata, la madre de Ángela Bonilla. Paso a paso en compañía de sus otras hijas y nietas, siguió las incidencias de este certamen mundial que despertó en interés mundial ya que hubo la participación de cuarenta representantes.

El tiempo que duró la elección oró y pidió a Dios para que todo le saliera bien y finalmente sus ruegos se hicieron realidad; al final del concurso, por su preparación, el jurado eligió a Ángela Bonilla, representante de Ecuador.

La emoción fue grande cuando nombraron a Ecuador y el nombre de su nieta como la ganadora del certamen. Tras este preámbulo sobre la elección de Miss Global, la conversación vuelve a los primeros años de su nieta en Santa Rosa. La falta de fuentes de trabajo en la localidad hizo que sus padres Germania Zapata, Ángel Bonilla y sus hermanas Lorena y Dayana, emigren a Quito en busca de nuevas oportunidades.


A los cinco años dejó Urcuquí, pero nunca se olvidó de su tierra. Las vacaciones siempre fueron en la casa de su abuela quien la consiente con su plato preferido, el morocho. Una semana antes de ir a Filipinas, permaneció una semana con su abuela.

Doña Nélida Espinosa, de 76 años, procreó siete hijos; Irma, Blanca, Germania, William, Ramiro, quien vive en España, Gustavo y Mirian Zapata Espinosa, quien también vive en España. 

El resto de sus hijos a quienes esta mujer los crió con sencillez y humildad residen en la capital. Esos valores que los inculcó su abuela los tiene Ángela Bonilla, Miss Global 2016.