07-07-2018 | 02:47

Inés Flores, una lectora incansable de las bellas artes

Es curiosa y comenzó a salir a otros países para capacitarse y seguir aprendiendo.

Continuó estudiando en México durante tres años.

Ibarra. Su amor por el arte nació desde muy pequeña, cuando escuchaba la lectura bíblica de su abuelo a quien le decía ‘papá Avelino’.

La historiadora, curadora ded arte, promotora y consejera, está nominada al premio nacional Eugenio Espejo. “Esa nominación es un estímulo a todo lo que uno ha trabajado”, dijo, sin perder su porte cultural. Para cualquier persona que fuese candidato a tal merecimiento, uno se enorgullece, inclusive sin ganar, pero al estar nominada y aceptada -porque aquello de ganar o perder es circunstancial- particularmente me siento muy honrada y agradecida de haber trabajado tanto tiempo para algo tan bello”, precisó la ibarreña que tiene tres bibliotecas.

Aseguró que no hay una cifra exacta de cuántos libros ha leído, solo mencionó que “son muchos”.

Su niñez. Inés Flores nos abrió las puertas de su hogar, donde vive con algunos miembros de su familia. “Aquí somos felices”, agregó.

La casa donde habita es de dos pisos. Mencionó que abajo es la exhacienda y arriba “la no hacienda”.

Vive rodeada de cuadros y libros, pero volviendo a la historia de su infancia, señaló que estaba harta de la Biblia, hasta que consiguió que su abuelo lea sobre los profetas, algo que sí le gustaba. “Desarrollé una memoria que causaba asombro en la escuela de las monjitas”, indicó Inés Flores, refiriéndose a la U. Educativa Bethlemitas.

Aseguró que nació “memoriosa” para los asuntos religiosos, contó que no era la chica que se iba a nadar o a jugar. En su niñez llegó a un momento que también se aburrió de que su abuelo le cuente de los profetas.

“Es increíble porque la primera vez que leí literatura japonesa lo hice deletreando, pero mi abuelo completaba lo que pronunciaba mal”. Terminó la primaria y tuvo que viajar a Guayaquil, donde vivía su mamá. Allá entró a estudiar a la U. E de La Providencia, donde fue interna. “Así es como me separo de Ibarra, desde muy niña, es por eso que no conozco a un montón de personas, pero ahora con el trabajo de adulta ya conozco algo”.

Estudios. Luego de terminar el colegio, sus padres le preguntaron a Inés María qué le gustaba y ella respondió: el arte.

“No, eso es para vagos, me dijeron, fue el escándalo”.

Su mente está lúcida, recuerda que cuando era interna hacía cambios de dulces por pilas de linternas para estudiar en las madrugadas. “Las mejores horas de estudio y de trabajo son en la madrugada”.

Inés Flores soñaba con estudiar arte y lo consiguió al entrar a la Escuela de Bellas Artes de Guayaquil. Se autocataloga como “una lectora incansable”. En anatomía artística contó que uno de sus compañeros de clases, cogía un canutero y dibujaba sin boceto, sin borrar. “Me faltaban ojos, era buenazo para el dibujo, yo era malísima, pero en cambio una bala para el estudio teórico”. Contó que su compañero de apellido Villafuerte le hacía los dibujos y ella las ‘pollas’ para los exámenes y así terminó aprendiendo más y consiguió una beca. Su trabajo es analizar los cuadros. Explicó que para eso, se da cuenta en las categorías plásticas, llamadas así las leyes que definen las proporciones y el trabajo. “La parte creativa viene de la resolución mental, de saber qué va a hacer y cómo lo va a hacer. El arte tiene que ser espontáneo y cultivado”, dijo. Ha viajado por medio mundo y comentó que no podría decir cuántos museos ha visitado, estuvo capacitándose en Rusia, Chile, México y Colombia.