25-08-2018 | 09:31
(I)

Familia de joven que murió en el control de Mascarilla pide justicia

La madre y la hermana de Andrés Padilla piden que el caso no quede impune. Gobernadora de Imbabura asegura transparencia en la investigación.

Juncal (Valle del Chota). La familia de Andrés Padilla Delgado, conocido como Ricky, comparte platos de comida a las personas que llegan a su casa en donde realizan el velorio del joven de 26 años que murió en la Panamericana Norte, sector de Mascarilla. Un balazo en la cabeza acabó con su vida.

Familia. Genoveva está con los ojos hinchados de tanto llorar por su hermano. En el ataúd, el cuerpo de Andrés está cubierto con pétalos de rosas rojas.

La joven mujer afirma que, la mañana del jueves 23 de agosto, su hermano se dirigía desde Juncal a Ibarra en su vehículo, pero que se detuvo en la Panamericana Norte, a la altura del control de Mascarilla, debido al colapso por el accidente de tránsito ocurrido cerca a la Y de Salinas y por el que se inició el problema entre comuneros y la Policía.

“Él se baja del carro y les dice que no peleen, que arreglen bonito las cosas”, es el relato de Genoveva.

Según lo que conoció la hermana de Andrés, lo que su hermano dijo, de alguna manera, molestó a uno de los policías.

“Cómo que el policía se ofendió y no tomó de buena manera. Andrés regresa y cómo que hubo una discusión, en ese momento mi primo le toma del brazo a mi hermano y le lleva... le dice que no se trata de pelear con nadie. Al momento que mi hermano da como 10 pasos, le dispara... mi hermano no estaba delinquiendo”, enfatiza Genoveva.

Andrés era comerciante y con su madre trasladaba tomate y cebolla hacia el mercado de Tulcán.

El 14 de agosto cumplió 26 años y tenía una hija de cinco años de edad. Se graduó de mecánico y entre sus planes estaba aplicar a agente civil de tránsito.

Genoveva considera que es necesario que el Estado indemnice a la madre y a la hija de Andrés de las que él era el sustento. Lo que pide es justicia.

Jacqueline Delgado, madre de Andrés Padilla, no contiene el llanto al recordar a su hijo. “Todavía de espaldas le disparan”, enfatiza y agrega que estará pendiente del proceso que se lleva contra el policía al que se le dictó prisión preventiva.

Proceso. La gobernadora Marisol Peñafiel aseguró que no existe espíritu de cuerpo con el policía procesado y que se busca garantizar la justicia, la verdad, así como la reparación a las víctimas en caso de que se determine la responsabilidad del infractor, en el proceso investigativo. Recalcó que no se justifica la reacción de comuneros que desvalijaron el Centro Integrado de Mascarilla.

Problemática. Genoveva Padilla manifiesta que uno de los problemas en el Valle del Chota es la falta de empleo y oportunidades. Pide que exista respeto y que se termine con el ultraje a las mujeres. “Ya que impiden el trabajo de la mercadería ilegal, ¿por qué no dan soluciones, por qué no hay microempresa, por qué no hay oportunidades?”.

Sostiene que existe marginación por parte de la sociedad tanto en lo laboral como en lo estudiantil.

Ella es ingeniera en Administración Turística y Hotelera. “Por el simple hecho de tener el color de piel que tengo no me dieron la oportunidad. Apliqué para oficial de la Policía Nacio-nal y ni siquiera me cogieron la carpeta. Al momento de salir, una mujer me dijo: no te desanimes, pero sí es por tu color de piel...”.

Genoveva actualmente estudia una Licenciatura en Enfermería.

Desde la Red. Kimberly Minda, de la Red de Jóvenes Afrodescendientes, manifiesta que el homicidio se da por una violencia sistemática de la que en el país no se habla.“Estamos en un territorio donde las oportunidades son sumamente limitadas y la gente lo que hace es buscar opciones que le permita mantener a la familia. Afirma que lo acontecido luego, con la reacción de comuneros que causaron desmanes, no se puede justificar, “pero se puede entender la reacción de la gente cuando ve que matan a tu familiar”. Enfatiza que el contrabando y la minería ilegal responden a la falta de oportunidades desde el Estado. El respeto es fundamental para frenar la violencia. Un respeto que debe ser compartido, tanto de los comuneros, como de la autoridad para poner fin a una grave problemática social.

‘hay una violencia sistemática’