25-08-2018 | 09:24
(I)

El respeto es una salida para frenar la violencia

“El equilibrio, la tolerancia y la paz deben ser el elemento fundamental”, precisó la gobernadora de Imbabura, Marisol Peñafiel.

Ibarra. En el control policial de Mascarilla, en la Panamericana Norte, el olor a humo aún se siente.

Ayer al mediodía personal del Cuerpo de Bomberos realizaba la limpieza de la calzada, mientras policías de la Unidad de Mantenimiento del Orden, UMO, cumplían con los operativos de control en el transporte interprovincial.

Consecuencias. El cuartel policial permanece resguardado y está en pésimas condiciones, pues un grupo de pobladores del Valle del Chota prendieron fuego al lugar, en rechazo a la muerte de Andrés Padilla Delgado, por la que un policía es procesado.

El joven recibió un balazo en la cabeza, en la Panamericana Norte, sector de Mascarilla.

Las comerciantes del lugar trabajaron ayer con normalidad, pero no ocultan el temor de que vuelvan a suceder enfrentamientos.

Una de ellas es Tania Palacios. Su trabajo diario es vender en los buses chochos con tostado, bebidas, y golosinas. Enfatiza que el sector ha sido escenario de varios enfrentamientos.

No oculta su temor y recalca que cuando algo grave va a ocurrir, ella y las otras vendedoras se ocultan en el terreno posterior de los puestos.

Es madre soltera. Tiene tres hijos y recalca que para ella lo más importante fue darles una educación de calidad. Su hijo mayor, Diego, es profesional en Inglés y catedrático universitario. Él siempre empuja a sus hermanos para que sean alguien en la vida.

“Piensan que los negros no valemos nada, pero demostramos que no es así”.

Tania sostiene que una solución para frenar la violencia es que los padres incentiven a sus hijos a estudiar hasta ser profesionales.

“Los padres llevan a sus hijos a trabajar en sus carros, no les incentivan a realizar otra clase de cosas”.

Si alguien incentivara a hacer otro tipo de cosas el Valle sería diferente, recalca.

Considera que también existe abandono en el Valle del Chota por parte de las autoridades. “Solo cuando es tiempo de campaña nos prometen el cielo y la tierra, termina la campaña y no pasa nada”, comenta.

El segundo hijo de Tania es policía. La mujer dice que, antes de ser uniformados también son personas que merecen respeto.

Pero también pide a la Policía que trate mejor a los afrodescendientes. “Acá las personas decían que cuando les topan con su carga les tratan como basura”.

Afirma que es necesario que los comuneros regresen a ver a la tierra y se dediquen a la agricultura. “Pero como el contrabando genera un dinero más rápido la gente dejó de trabajar en el campo”, reflexiona.

Pide que entre comuneros y policías exista respeto para frenar la violencia.

El hijo mayor de Tania es Diego Palacios, líder de la Red de jóvenes del territorio ancestral, sobre los comentarios en redes sociales, recalca que varios de ellos incitan al odio.

“Nos dijeron violentos, delincuentes y tantas cosas”. Lo que entiende es que ha existido un abandono sistemático desde hace décadas.

Existe un discurso institucional y generalizado.

Considera que la educación en el Valle del Chota aún es deficiente y que no se ha logrado un ascenso social. Entonces, una puerta de escape es el contrabando. Existe desigualdad en el acceso a derechos.

Su llamado es que las personas, en lugar de generar actos violentos, deben ayudar a reclamar el acceso a derechos.

“Siempre dicen que hablamos desde un resentimiento o que la esclavitud ya pasó y que el racismo no existe y hoy ha quedado demostrado que Ecuador es un país radicalmente racista”.

“Mientras el Estado nos siga viendo como un problema, mientras la población nos siga viendo como un problema, se seguirá generando más violencia”, enfatiza Diego Palacios.