13-08-2018 | 00:30
(I)

El Juncal, es el destino de decenas de venezolanos

La casa de María del Carmen Carcelén acoge a venezolanos hace ocho meses. La mujer les ofrece comida, una cama, ducha y sobretodo, cariño.

Ibarra. La tranquilidad de la comunidad El Juncal, ubicada a una hora de Ibarra, ha cambiado de forma notable.

Los habitantes del sector, en su gran mayoría afrodescendientes, ahora tienen nuevos ‘vecinos’ que llegaron de paso, el clima y calor humano les hizo ver a este pequeño poblado, como un sitio para hacer su nueva vida en el país.

Al inicio el pueblo era un lugar de paso, por donde miles de venezolanos han pasado a pie, en buses, camionetas, camiones, trailers y hasta bicicletas, buscando días mejores.

Destino. Para ellos, El Juncal, es un pueblo que les ha abierto muchas puertas, ahí han encontrado trabajo, amigos, una vivienda y lo principal, la ayuda de María del Carmen Carcelén, quién ha convertido su hogar en un refugio para quienes llegan cansados de caminar cientos de kilómetros.

La mujer cuenta que al inicio, cuando su sueño de ayudar tomó forma, traían en su camión desde Ipiales a quienes caminaban por la carretera para llegar al Ecuador.

“Aquí les decíamos que si quieren ir a la casa para que descansen, laven su ropa, coman algo y al siguiente día desayunen y continúen con su camino”, aseguró.

Experiencia. Contó además que al inicio todo era muy tranquilo, porque eran de 5 a 15 personas en cada viaje, pero ahora la situación se está saliendo de las manos porque ya los venezolanos llegan solos y vienen directo a su casa, que la llaman albergue.

“Vienen cargados sus maletas, a veces les digo que ya no tengo espacio, pero ellos quieren quedarse. El viernes estuvieron 63 personas, la mayoría llegaron en la tarde y noche, empezaron a acostarse en la vereda y yo les hice entrar, puse colchones, alfombras, esponjas y ahí durmieron”, mencionó.

Necesidades. La mujer cuenta que quienes llegan tienen una merienda, un espacio para dormir, ducha, lavandería y desayuno, pero aclaró que les permite quedarse máximo dos días.

Además mencionó que para evitar que se queden sin rumbo en el pueblo, les da para los pasajes hasta Ibarra o Quito, dependiendo de la cantidad de personas.

En otras ocasiones, su familia lleva en el camión a decenas de personas hasta Atuntaqui, para que sigan su destino.

Con notable tristeza contó que la mayoría de venezolanos llegan en malas condiciones, sin ánimo y sumidos en la tristeza. En muchas ocasiones son niños, embarazadas o personas enfermas.

“No les importa si hay una cama, llegan ponen su maleta en el piso y se duermen”, dijo.

Necesidad. La mujer menciona que existen muchas manos amigas, sin embargo cada día, las necesidades y gastos aumentan.

“No me importaría sino hay comida, porque los alimentos se consiguen, pero necesitamos colchones, cobijas, almohadas, toallas, papel higiénico, jabón y una carpa de forma urgente. Si las autoridades no puede hacer nada, entonces que se pongan la mano en el pecho y traigan un colchón usado, ropa y zapatos usados.

Queremos que vengan, vean la situación y escuchen a la gente, que tengan un poco de consideración, porque son seres humanos”, añadió Carmen.