El desamor induce a la droga y al satanismo

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El desamor induce a la droga y al satanismo

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satanismoIbarra.  En una cruz invertida se colocaba el cuerpo de las víctimas antes de desmembrar sus partes. A fines de diciembre de 2011, en medio de ritos satánicos y oraciones al demonio, fueron descuartizados dos jóvenes en Guayaquil. Se presume que los autores de los crímenes son los integrantes del grupo ‘Uñas negras’.

  Apocalipsis.  Diario Extra citó que los detenidos en una de sus declaraciones, afirmaron creer en el diablo y que su grupo se basaba en el Apocalipsis 3:16 que dice “Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca”.
Antes de los macabros asesinatos, los integrantes de ‘Uñas Negras’ se drogaban.

  Satanismo en Ibarra.  Hablar de satanismo no es nuevo en Ecuador.

En la década de 1990, en Ibarra surgieron grupos de jóvenes que se dedicaban a rituales en los que se reunían en cementerios para exhumar cadáveres y también desarrollaban encuentros en las catatumbas del río Tahuando.

La trabajadora social Luisa Muñoz relató que, en esa época, conoció a “Alicia” que formó parte de una secta, por pedido de su novio, el líder de los encuentros.

Recordó que la adolescente le mencionaba que los jóvenes, antes de los rituales se drogaban para poder actuar. Matar gatos negros y beber su sangre era una de las formas de demostrar su fortaleza.

Luisa Muñoz enfatizó que para evitar que los chicos caigan en malos pasos, es indispensable que los padres conozcan siempre lo que hacen sus hijos, para lo que es necesario un diálogo abierto, pero sobre todo cariño y confianza.

“En la adolescencia requieren mucha atención; la base fundamental es el hogar”, agregó.
Con fuerza de carácter y voluntad,  “Alicia” logró salir del mal camino, mientras sus amigos siguieron.

  Ayuda urgente. El vicario de Educación de la diócesis de Ibarra, Raúl Meneses, también se encontró con esta realidad en uno de los barrios de la ciudad, hace más de diez años.

Conoció a un grupo de jóvenes que se reunía en cementerios y profanaba tumbas, lo que se convertía en la prueba para poder ingresar a la secta para o convertirse en líderes.

“Les gustaba sobresalir y  los que querían ingresar o ascender debían realizar penitencias en los cementerios”, comentó.

Agregó que los chicos no eran desadaptados, sino que estaban insatisfechos espiritualmente.Recordó que muchos de ellos tenían una buena condición económica, pero un vacío espiritual. Querían llamar la atención y tener una vida independiente.  Algunos de ellos le comentó que se sentía solo.

“No era gente mala, se sentían intranquilos, insatisfechos; muchos de ellos no tenían amor y decían que vivían en un mundo de hipocresía.

Sobre el Apocalipsis, el último libro del Nuevo Testamento, el sacerdote opinó que enfoca el final de los tiempos, en el que se refleja que  hay que estar preparados ante una serie de catástrofes, pero que engloba un mensaje de amor.

Poner en práctica el cariño, fomentar el respeto a uno mismo, incentivar los valores desde el hogar, el colegio y el trabajo, evitarán que los jóvenes caigan en la droga y en todo lo que eso conlleva.