Recuerdos y legado de Rosita Reascos permanecerán intactos en Ibarra, la ciudad que ella amó

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Ibarra.- Su casa está tal como ella la dejó. Al ingreso, se observa una fotografía del homenaje que recibió en 2011 por sus 44 años de labor en el Archivo Histórico Municipal y junto a la imagen están los reconocimientos que recibió en vida doña Rosita Reascos.

 

Recuerdos. En la sala ocupan un espacio importante los personajes que admiró: Juan Pablo II, a quien llamaba ‘mi bonito’, Eloy Alfaro, por quien sentía admiración, y Pedro Moncayo.


regi“Siempre le acompañé”, dice con la voz entrecortada Regina Acosta, la mujer que se convirtió en fiel compañera de doña Rosita durante 17 años. En el dormitorio, aún está el maquillaje que usaba, porque a Rosita siempre le gustaba estar elegante, a un lado se encuentran sus lentes de lectura y las imágenes del Divino Niño.

Hace cuatro años Rosita Reascos dejó Ibarra, sus hijas decidieron llevarla a vivir en Quito. La bondad, el valorar a la familia, son dos de las cualidades que Regina aprendió de doña Rosita.
Así también la recuerda su compañero de trabajo, Ernesto Proaño, la acompañó durante 15 años, en el Archivo Histórico, hasta el 31 de julio de 2011, cuando culminó su labor, doña Rosita se despidió en medio de nostalgia y con un abrazo.

Recuerda su manera de ser, de proceder, su amabilidad y no la alaba porque murió, sino porque siempre fue fiel a su comportamiento, como una buena mujer.

Doña Rosita formó parte de manera activa de instituciones como la Fundación Pedro Moncayo, el CECIM, la Sociedad Bolivariana, entre otras.
Todos los días Regina acude a la casa de doña Rosita para mantenerla limpia, también cuida la huerta, el suelo fértil del que nace el tomate de árbol, legumbres, acelga y más.

Rosita añoraba Ibarra, Regina recuerda que secretamente le decía “vámonos a nuestra casita...” Y este “vámonos”, también fue lo último que le escuchó, un día antes de su muerte, Rosita acarició la mejilla de Regina era la despedida final, así se fue una mujer valerosa, despidiéndose de las personas que más amó: su familia y su entrañable compañera Regina.