Alexandra se caracteriza por su proactividad y marca la diferencia

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personajeAlexandra Garzón estuvo en Europa por un lapso de 16 años. Allí adquirió conocimientos sobre hostelería y turismo, las claves para emprender su negocio propio a su regreso al Ecuador.
“El establo del monge” fue el nombre que escogió para abrir su restaurante. Desde hace dos años ofrece a su clientela almuerzos que tienen como característica la buena nutrición.
“Cuando sales del país te das cuenta que en otras partes del mundo le dan énfasis a su salud. Nosotros aquí no le presentamos atención por eso lo que más comemos es grasa y productos procesados. Lo que yo quería era un lugar para ofrecer comida totalmente sana”, afirma.
Es por eso que cada mañana se levanta temprano para ir en busca de carne y verduras frescas. “No me gusta nada congelado y los condimentos son naturales nada de aditivos que vienen listos”, detalla.
Su sazón es apreciada por los clientes que acuden a su restaurante a pesar de que no se encuentra en un lugar totalmente comercial.
Ubicado en las calle Juan de Dios Navas 2-30, este restaurante se llena de lunes a viernes sobre todo por ejecutivos que buscan un lugar para alimentarse sanamente.
Alexandra cuenta con la ayuda de tres personas que se encargan de preprarar alimentos, servir y posteriormente limpiar, en una jornada que empieza a las 08:00 y culmina aproximadamente a las 16:00.

FUERZA Y VOLUNTAD
Al recordar los momentos que vivió en Barcelona, Alexandra comenta que lo más duro fue dejar a sus familiares, amigos y adaptarse a un nuevo país con costumbres diferente. “Allá se pasa muchas cosas. Es muy duro pero de todo se aprende y gracias a todo lo que viví allá ahora he podido salir adelante en nuestro país, que también afronta una crisis pero luchando se puede lograr todo. Todo depende del carácter y la fuerza”, dice.
ATENCIÓN AL CLIENTE
Entre otras características que hacen a su negocio exitoso, comenta que la atención al cliente es lo primordial.
Cuando estuvo en Barcelona recibió capacitaciones sobre todo en este aspecto y al regresar ha podido ver lo positivo que es poner en práctica.
“El cliente siempre tiene la razón, es verdad. El trato y la consideración que se tiene con cada uno de ellos es importante porque son quienes dan vida al negocio. Además me gusta servirles bien, que se sientan a gusto con el trato, la preferencia y con los alimentos que les preparamos”, afirma.