Testimonio: ‘Quiero estudiar y ser una profesional’

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profesionalMaribel Pambaquishpe (i), Lilibeth Palomeque, Anita Mediavilla (c) y Vanessa Ramírez, parte del proyecto del GAD-I.

IBARRA. Mañana, “Mariana” (nombre protegido), a sus 15 años retoma sus estudios de secundaria en una Unidad Educativa de la ciudad. Ella conforma el grupo de las 30 niñas que viven en el Hogar Manuela Pérez, lugar que acoge a criaturas que han sido abandonadas por sus padres o víctimas de algún tipo de violencia.

Esta adolescente, que lleva el cabello teñido a la moda y tiene unos bellos grandes ojos, escapó de su casa hace dos años y dejó sus estudiar para empezar a cuidarse y llevarse el pan.

Su madre murió, y su padre se dedicó al alcohol. Tiene una hermana de 16 años, ella es la segunda hija del matrimonio, y un hermanastro de ocho.
Su padre conoció a una mujer y, “mi madrastra y mi padre nos llevaron a una casa hogar, no nos llevábamos bien con mi madrastra. Mi hermana está aquí desde hace un año, yo entre hace una semana”, narró mirando la cámara para asegurarse de no ser fotografiada.

A pesar de su corta edad, vivió en Colombia y Tulcán, sola y en otras ocasiones, con amigas.

“Primero me fui con mi hermano, luego escapé para Colombia. Ahí con una amiga nos sorprendió la guerrilla. Decidí volver a mi país y viví con muchas amigas, así me ayudaban. En Tulcán mi familia me maltrato y me trataron como una empleada, volví a Ibarra y durante un mes viví con una extranjera, hasta que mi papa me encontró. Yo no quería ver a mi madrastra y tenía problemas con mi papá, entonces escapé otra vez con una amiga. Con ella viví tres meses hasta que tuve problemas con su familia”, relató. Mariana asegura que, gracias a Dios, nunca tuvo acoso de extraños.

Dice estar preparada para estudiar y terminar la secundaria. “Ya estoy acostumbrada, es lindo estar aquí (hogar). Es preferible estar aquí que en la calle”.

Su hermana la abraza y guía por los pasillos de la casa hogar, ella vive ahí 15 meses.

Las niñas en este lugar aprenden a realizar los quehaceres del hogar y a ser responsables de sus vidas.

“Aquí aprenden a cocinar, a limpiar y a bordar. Cada fin de semana se turnan para preparar la comida para sus compañeras”, informó Sor Blanca Proaño Andrade, directora del Hogar Manuela Pérez.

El hogar recibe niñas de 2 a 17 años y es manejado por la Comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. La Directora indicó que quienes habitan este espacio, ubicado en la calle Juan Montalvo y Flores, han estado en situación de riesgo. Esto quiere decir, acoso, maltrato o callejización.

La educación de las menores corre por cuenta de las religiosas. La institución donde se van a educar es pagada, ellas son exoneradas del pago de la matrícula y pensión. Sin embargo costean la lista de útiles de cada una de las niñas y adolescentes.

“La gente de Ibarra es muy consciente del problema que las niñas acarrean. No solamente necesitan afecto, atención sino también la parte económica. Nosotros trabajamos con el Mies (Ministerio de Inclusión Económica y Social) y nos aporta con el 50%, el otro 50% es contraparte. Para ello, con el equipo que trabajamos aquí hacemos actividades”, expresó Sor Blanca.

Durante los tres años que Proaño dirige el hogar, han realizado Bingos, venta de hornado, fresas y otras actividades para sostenerse.
Hace dos semanas Mirian Ruales, esposa del Vicealcalde de Ibarra, visitó el hogar con tres madres de familia que son parte del proyecto de apoyo e inclusión para madres o parientes de personas con discapacidad a través de su capacitación en el área de peluquería que impulsa el Municipio de Ibarra.

“Estas mujeres son parte del proyecto de inclusión social de los grupos prioritarios que impulsa el GAD. A través de esta iniciativa, visitando a las niñas están haciendo sus prácticas pre profesionales”, informó Maribel Pambaquishpe Terán, quien dirige a las madres.

Todas las niñas se hicieron un arreglo en el cabello, estaban contentas. Mariana se cortó dos centímetros de su cabello teñido. Mientras esperaba lamentaba los resultados de sus actos.

“Quisiera regresar el tiempo y cambiar todas las cosas. Cambiaría la relación con mi madrastra, comenzar nuevamente y llevarnos bien”.