La fritada de cajón de Luis y Diocelina

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La fritada de cajón de Luis y Diocelina

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p4IBARRA. La tradición aún permanece en la preparación de las fritadas para Diocelina Terán, de 75 años y su esposo Luis Enrique Maigua, de 72.

Esta pareja tiene un local de fritadas denominado ‘Fritadas Ajaví’, ubicado en el barrio del mismo nombre. Tienen 50 años preparando este plato típico de la sierra ecuatoriana. HISTORIA Diocelina es una mujer de estatura pequeña, usa ropa tradicional indígena, tiene un collar amarillo en su cuello, un anaco, un pañuelo blanco envuelto en su cabello del mismo color. Espera a sus clientes con su esposo sentados en un banco, afuera del local, frente al redondel Ajaví. Diocelina aprendió a preparar la fritada cuando tenía 15 años de su madre. “De eso hemos quedado nosotros, pero ahora en este tiempo los hijos no quieren”, dice Diocelina. Mientras que Luis Enrique, su esposo, aprendió de ella. Lo tradicional que tampoco se ha perdido en ellos, es conservar la fritada en una vitrina de madera, las personas le dicen ‘fritadas de cajón’. “Esta vitrina es para conservar la fritada fresca, limpia, libre de polvo, libre de humo”, comenta Luis Enrique, quien usa un pantalón blanco y una camisa del mismo color, combinado con un sombrero. Esta fritada está acompañada por tostado y papas (revueltas con manteca o papas cocinadas). Luis cuenta que en un tiempo de recién casado estuvieron vendiendo en un local cerca de La Merced y en otro cerca del antiguo Cuartel. Los ingredientes que utiliza esta pareja para preparar la fritada es cebolla paiteña, ajo y achiote para ponerle un poco de color. Este local está abierto todos los días, de lunes a domingo desde las 10:00 hasta las 19:00. Diocelina y Luis Enrique se levantan a las 05:30 para preparar este tradicional plato. Sus clientes vienen desde Quito, quienes piden fritada para llevar. “Por eso no dejo de salir porque vienen en el momento menos pensado y llevan por libra”, cuenta Diocelina.