Negar lo evidente es cerrar los ojos

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Un conocido comerciante ibarreño lamentaba por estos días, en una conversación informal, lo que está sucediendo con sus dos almacenes.
La historia es sencilla, pero resume lo que la burocracia, el poder y los funcionarios gubernamentales no quieren admitir: cada vez es más grave el desempleo en Imbabura y Carchi.
El comerciante contó sus penas: hasta agosto o septiembre del año pasado ganaba un promedio mensual de 1 500 dólares.
Desde fines del 2015 y estos tres primeros meses de este año aquellos ingresos descendieron a un promedio mensual de 400 dólares, monto que ni siquiera le alcanza para pagar un salario básico y horas extras, como solía hacer.
El resultado de esta brusca caída financiera es obvio: el comerciante se vio obligado a despedir a tres de sus dependientes y quedarse con uno.
Las autoridades del Trabajo podrían decir que el caso es aislado, pero si lo hacen, aunque sea en relación con tres personas que han quedado sin empleo, están cerrando los ojos y negando lo evidente: hay desempleo.