Construir un país con alegrías populares

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Ayer empezaron las diversas fiestas populares, tradicionales celebraciones de esta época, cada una con su estilo, su esencia y sus formas particulares.


El Pawkar Raimi, el carnaval de Coangue, la fiesta de la moda y los tejidos en Atuntaqui, los festejos en Cotacachi, los distintos eventos comunitarios en el Carchi y las provincias hermanas como Esmeraldas y Sucumbíos, nos hacen pensar que la alegría popular sí es posible cuando en muchos casos, a pesar de la falta de apoyo de las autoridades más allá de sus discursos y retóricas, las propias comunidades, etnias y pueblos se organizan.
Y es así como llegan la alegría, la solidaridad, la fraternidad, el pasado fecundo, la leyenda. No solamente para que los pobladores de aquellas comunidades y poblaciones se diviertan y mantengan sus tradiciones, sino para que los compatriotas y los turistas extranjeros conozcan y se contagien de lo más profundo de la sencilla historia popular.
Más allá de eso, los carnavales y las celebraciones en distintas localidades nos hacen pensar que sí es posible la alegría.
Y nos hacen reflexionar que, si fuéramos más persistentes y fraternos, podríamos construir un mejor país: de alegría en alegría, de solidaridad en solidaridad, de unidad en unidad, lejos de la dependencia de autoridades nacionales y locales y cerca de nuestras propias posibilidades de levantar la patria que necesitamos, demandamos y exigimos desde nosotros y para nosotros.