La delgada línea del paternalismo

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Fomentar la distribución equitativa de la tierra o dar paso al facilismo y hasta la persecución de un grupo económico. Esta parece ser la disyuntiva que se discute en torno a la Ley de Tierras.


El grupo de quienes poseen ‘grandes’ extensiones argumenta que no viven en un paraíso económico como se pretende hacer ver por los proponentes de la Ley. La crisis, los altos impuestos, incluso factores no manejables como el clima, condicionan la cantidad y calidad de producción de la tierra a nivel agrícola y ganadero. Así podría creerse que tal proyecto, donde se habla de expropiación, corre el riesgo de convertirse en una política pública más que alimenta el paternalismo, hasta cierto punto la conformidad. Cabe preguntarse, ¿Quiénes y bajo qué argumentos definirán si una tierra es o no expropiable?
El fomento productivo también queda en veremos. ¿Qué pasa con el riego, competencia que está en manos de las Prefecturas? No ha podido ser solventado porque no hay la transferencia de recursos necesaria por parte del Estado. Una Ley que en discurso promueve la mejora productiva, pero en la práctica cómodamente se va desentendiendo de obligaciones.