La violencia es una fea invitada

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“Violencia, maldita violencia...” dice una conocida canción tropical y esa fue la fea invitada de las jornadas de protesta y del anunciado paro nacional. Las imágenes de televisión mostraban lo que sucedió en las calles de Quito y Guayaquil, principalmente, la noche del pasado jueves, día en que los movimientos indígenas, los trabajadores, maestros, médicos, etc., exigieron rectificaciones desde el gobierno nacional y plantearon varias propuestas, las mismas que lamentablemente no se las ha canalizado a través de los diálogos abiertos a los que ha invitado el sector gubernamental. Hemos tratado de encontrar respuestas a la violencia generada en las calles durante las protestas y no hay explicación coherente y justa para estas manifestaciones. No es para aplaudir la actitud de los elementos policiales, pero tampoco es dable que ciertos desadaptados, infiltrados o enemigos del régimen exageren en sus acciones. Cuidado, en el país no debe ganar la intolerancia, la división, los vejámenes, el uso de la fuerza física o psicológica contra una persona o grupos de ellas y peor los atentados contra la vida. Los objetivos que se quieren alcanzar deben circunscribirse a la legalidad, pero sobre todo al sentido común.