¿La ley de comunicación es para todos?

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En la actualidad el rol del periodista es cada vez más complicado. Su libertad para ejercer su profesión está amenazada, no solo por las exigencias de ley, sino por las censuras y aún más por las autocensuras, que a la final son más peligrosas que las censuras en sí.

La ley para algunos dificulta la actividad periodística y la investigación, sobre todo para lograr descubrir posibles casos de corrupción, principalmente en el ámbito público. Para otros, la ley era necesaria, sobre todo para controlar incorrecciones, mal manejo informativo, crasos errores malintencionados, mala utilización de los mensajes en radio y televisión, para controlar la basura televisiva, para permitir ser más incluyentes a la hora de respetar la interculturalidad, más respetuosos de la honra ajena, etc., etc.
Ahora la ley está ahí y debe ser cumplida, claro que sí, pero la pregunta que queda flotando es: ¿y si quién no observa la ley es quién está obligado a respetarla y a hacerla cumplir?. Qué se hace en estos casos, a quién se acude, quién defiende a los medios y periodistas que sí están acatando lo que dicen las normas. Hay que seguir confiando en que exista una visión democrática y respetuosa para todos, de cumplimiento obligatorio de la ley que permita ejercer la profesión sin ataduras, pero sí con ética; sin consignas preestablecidas ni manoseos, sí con transparencia. En el respeto a la ley por parte de todos, sin distinción, está la clave.