El trabajo infantil en el campo

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La preocupación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene su razón de ser. La pobreza y la desigualdad en el mundo es cada vez más alarmante y ello conlleva a otros problemas e inconvenientes.


La necesidad de contar con recursos económicos supera a las regulaciones de ley que se ponen de manifiesto en la mayoría de países del mundo. Penosamente, la acción para combatir el trabajo infantil en el campo todavía sigue siendo una asignatura pendiente de América Latina, pues los esfuerzos se han concentrado en la ciudad, al tiempo que los propios agricultores justifican a menudo la labor de los menores, pese a que compromete su desarrollo, según la ONU.
Expertos del Cono Sur culminaron ayer en Asunción un cónclave para abordar cómo hacer que los casi ocho millones de niños trabajadores de América Latina y el Caribe se concentren en sus estudios y en disfrutar de su infancia. Las aspiraciones son lógicas, pero en la práctica falta mucho por hacer en favor de la infancia, que es obligada a abandonar sus escuelas y hasta sus hogares para contribuir con su trabajo en el campo al sustento familiar. Algo se ha logrado en la parte urbana, pero en el sector rural, el problema continúa y se agrava.