¿Quién dijo que los hombres no lloramos?

Ratio:  / 0
MaloBueno 

Los machos no lloran, decía mi padre, pero desde niño supe que eso era mentira porque lo vi llorar en muchas ocasiones, aunque había aprendido a hacerlo en silencio y con lágrimas mínimas.
Lloró en silencio cuando murió su madre, pero dos meses después, cuando su padre murió de soledad y murió de amor, ya no pudo ser sutil y su llanto fue como el de un bebé.
Lloró en silencio en el hospital de Solca cuando convocó a todos sus hijos, de uno en uno, mientras llegaba uno y se iba otro, para decirnos cuánto nos había amado y cuánto arrepentimiento sentía por las tantas veces que fue un padre ausente, que fue un padre distante, que fue un padre que cuando más lo necesitábamos no alcanzó a ser padre.
Lloró en silencio pocas horas antes de morir, encogido, empequeñecido, recordando a todos sus amores fallidos.
No sé si mis hermanos hombres heredaron esa manera de llorar, pero, al menos al mayor, nunca lo vi sollozar por nada. Él, más bien, expresaba su dolor convirtiéndolo en ira.
Yo, en cambio, soy un directo descendiente de las lágrimas secretas de ese hombre que fue mi padre.
Lloro mucho. Pero no en silencio. Y no solo por películas o novelas o poemas, que me conmueven hasta el alma, sino por cotidianidades como el amor, el desamor, la orfandad de mis hijas, la nostalgia por María cuando no la veo, la soledad que provoca no ser de la masa, el recuerdo que me asalta y me devora.