Cuando una mujer te regala un ramo de flores

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Solo a María se le podía ocurrir enviar a mi oficina un hermoso ramo de flores, con una maravillosa orquídea. Nunca antes ninguna mujer que haya sido mi pareja lo había hecho. María es especial y jamás dejaría que yo pensara que ella es como cualquiera o que es una más.
Primero, porque no lo es y ella lo sabe. Segundo, porque está llena de sorpresas, desde la manera en que vive su día a día hasta la forma en que concibe lo que la relación de amor.
Por eso recuerdo como si fuera hoy aquel primer gesto de amor no convencional. Algunos compañeros de trabajo (hombres, por supuesto), acostumbrados a lo convencional, miraban entre escépticos y asombrados el hecho de que una mujer enviara flores a un hombre y que en una tarjeta que la podía ver cualquier persona expresara lo que siente por mí.
Ni ella ni yo nos dejamos llevar por las costumbres ni las formalidades y quizás a eso se deba que nos mantenemos juntos, pese a la distancia que a veces nos separa, pues a veces ella está lejos de mí por su trabajo o yo estoy lejos de ella por la misma razón.
Ahorré dinero para regalarle un viaje al Macchu Picchu, por ejemplo, para celebrar su maestría. Y sé –no le vayan a contar- que ella también está ahorrando para llevarme en este cumpleaños a un lugar alucinante que aún no logro descifrar.
Pero si me regalara unos cangrejos hechos en casa o yo le hiciera un desayuno y le llevara a la cama, igual sería maravilloso. Eso creo que se llama amor.