Por eso se me pierden los celulares a cada rato

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Cuido mi fertilidad y mi masculinidad y mi buena puntería y mi fortaleza.
Por eso nunca nadie me verá con el celular en los bolsillos.
Ni siquiera de la camisa o de la chompa o de la leva, no vaya a ser que desde allí algún hacker se conecte para lanzarme rayos GXZ y dejarme sin espermatozoides productivos.
Lo que hago es llevar el celular siempre en la mano, cuando estoy caminando, o a un lado del asiento, cuando estoy en el auto, o sobre el escritorio cuando estoy trabajando o sobre el tanque del inodoro cuando estoy dedicado a tareas específicas.
O sea, nunca acerco el celular al cerebro, que es el que da las órdenes al pene, ni acerco el celular a los testículos, que son las bolsitas donde está guardado el semen ni acerco el celular al pene por si acaso se me rebele contra el cerebro.
Porque así son las cosas en este mundo informático. Ni siquiera puedes llevar el celular donde te dé la gana.
Pero, pensándolo bien, ahora entiendo por qué en las películas de vaqueros estos nunca tenían hijos.
¿Recuerdan que los vaqueros llevaban las pistolas y el cinto apuntándose al propio pene y a los testículos?
Nunca vi ninguna película donde alguno de ellos se dispare accidentalmente en las zonas erógenas, pero seguro que debe haber ocurrido.
Y esa debe ser la razón por la que desaparecieron los vaqueros. Y las películas. Y la publicidad de Marlboro.